sábado, 29 de marzo de 2008

No importa el talento… lo que importa es la pinta


“Lo que si te pido hijita, es que te consigas un hombre bien parecido… que sea buen mozo… dame ese gusto hija mía… tú sabes cómo son mis comadres”. Pedidos de tal naturaleza se escuchan de labios de madres colombianas, cada día, por todos los rincones del país… No puedo asegurar si por otras latitudes ocurra lo mismo, aunque la cultura latina me hace presumirlo.

En una sociedad como la nuestra, injusta y desarticulada, se tiene la estúpida tendencia a minimizar las conductas erróneas de quienes son bien parecidos. Se cree que por su condición, la buena estrella debe acompañarles. Tal vez: Generalmente la policía no sospecha de los bien parecidos. En Colombia, a las personas les buscamos perecidos con los oficios o con las profesiones. Es común escuchar: ‘José Gregorio tiene cara de cabrón’… ‘Eduardo tiene pinta de estafador’. ‘Ese ‘man’ es marica, donde quiera que vaya’…y así…

La hija que no complace a su madre, llevándole un novio bien parecido, condena a su pobre vieja a escuchar de ahí en adelante, una frase mortificante y perniciosa: ‘Tranquila comadre… el muchacho es malucongo, pero quien quita que salga buena gente’, y por culpa del yerno feo, la vida se le convierte en un cipote martirio.

Quienes representan el Anti-Arquetipo, para lograr triunfar, tienen que ser seres excepcionales, con talento desbordante. Todavía hay quienes no entienden cómo es posible que Gabriel García Márquez escriba con la magia que le caracteriza, si ni siquiera es un hombre bien parecido.

El Anti-Arquetipo más famoso en la historia de América es Simón Bolívar. Los esfuerzos que todos los gobiernos han hecho para mejorar su aspecto físico, son evidentes en las estatuas encargadas en Francia, hechas a partir de modelos franceses, o en los retratos idealizados de la ‘Escuela Quiteña’.

El atractivo físico es un producto de la internacionalización de pautas culturales de belleza, que pueden variar según la cultura. Sin embargo, siempre han existido unas características generales que relacionan los atributos físicos con la capacidad reproductiva del sexo opuesto, por citar un ejemplo.

Así las mujeres son consideradas más atractivas cuando tienen atributos relacionados con la fertilidad y la juventud, y los hombre, características de dominancia, fuerza, y alto status social.

De igual forma, las personas atractivas son consideradas más persuasivas, con más factibilidad de ser elegidas como parejas, con más habilidades sociales, más exitosas, son percibidas como competentes, producen mejores impresiones y se les cree menos propensas a desarrollar enfermedades. Y entonces, ¿que pasa con nosotros los malucos?… ¿Tendremos alguna oportunidad?… ¿Qué dirá mi compadre ‘Cara’echoque’…?

viernes, 28 de marzo de 2008

El estúpido propósito de las madres alcahuetas


Es lamentable, por decir lo menos, que gran parte de nuestra sociedad se empeñe en consumir modelos y productos provenientes de otros lares sin ninguna clase de reflexión o cuestionamiento, quizá porque imitar el comportamiento de la mayoría, es más fácil que adoptar conductas propias.

Basta con mirar en nuestro derredor, especialmente en los niveles de clase media y media-alta, para que surjan preguntas como las siguientes: ¿Para qué estamos educando a nuestras niñas? ¿Las educamos para que mañana sean princesas del jet-set? ¿Las educamos para futuras ‘prepagos’? ¿O las educamos para que sean enanas mentales y superfluas amantes de obesos ejecutivos?

Así parece… Por lo menos en buena parte de los sectores sociales mencionados, dada la insólita y aberrante insistencia con que se estimula la vanidad y la coquetería de nuestras niñas, escamoteándoles de paso, su participación en la realidad.

A la dulce nena se le permite que sea una maniática consumidora de basura impresa y de todo lo que, madre e hija, crean que representa la moda. La chiquilla se mira al espejo con la frecuencia y el histerismo de la madrastra de ‘Blanca Nieves’, y se vuelve una experta en cosmetología y publicidad.

Le insuflan manías e intereses de adultos. La matriculan en la trivialidad. Por eso es experta en la maledicencia y el chisme en todos sus niveles. Para colmo de males, nunca falta una tía que ponga en sus manos un ejemplar de “Cómo ser bella y coqueta”… ¡Qué lástima! A la mayoría de niñas de hoy, se le educa para el ocio, la servidumbre y la trivialidad.

La permeable chiquilla termina la primaria entre espejitos, telenovelas y chismografía. Mientras modelan a la pequeña odalisca remilgada, el tiempo pasa, termina la pubertad y llega la adolescencia, con muestras indiscutibles de sus intensos y desaforados instintos sexuales, al tiempo que los informes académicos retratan su pobre capacidad intelectual.

Entonces, la culpa de la evidente torpeza de la niña, la tiene la televisión. “Es que la nena ve mucha televisión”. ¡A buena hora!. Durante años, los ‘papis’, por comodidad, convirtieron a la televisión en institutriz de la pequeña, soñando con verla desfilar en las más famosas pasarelas del mundo, o como exitosa presentadora. Pero ya es tarde. Olvidan que la mediocridad dominante en el medio, origina la fabricación en serie de jovencitas desorientadas e insoportables… fatuas y ociosas… (¡Qué rico verte!… Te llamo luego, ¿bueno?...)

Desde los primeros años, a la niña no le conceden más opciones. Es inducida a la frivolidad y la dependencia, impidiéndole otra conducta y negándole la posibilidad de alimentar distintos intereses.

Es imperativa una infortunada conclusión: Los padres, -especialmente las madres alcahuetas- no permiten que sus hijas formen libre y adecuadamente su personalidad. Las instigan a practicar un desenfrenado culto a la apariencia, a la belleza física, desdeñando sus naturales y diversas facultades. Duele, pero hay que decirlo con sinceridad: Las están educando para inmorales cortesanas de un mundo en liquidación. Y eso al final de cuentas, es corrupción de menores.

miércoles, 26 de marzo de 2008

No crea lo contrario: Los políticos necesitan de los periodistas…

Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’
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Al examinar las relaciones entre políticos y periodistas, se distinguen dos factores relacionados con el aspecto comunicacional, comunes a unos y a otros. Por un lado, el periodismo es una actividad mediadora indispensable para el político, sin la que no podría realizar eficazmente sus cometidos. Y por otra parte, el lenguaje periodístico actúa como metalenguaje con relación al lenguaje político.

En una parroquia como Santa Marta, es frecuente que el político mire al periodista ‘por encima del hombro’. Y en más de una ocasión, adoptando una pose de salvavidas, le suelta al paciente profesional de los medios, la más mortificante e indigna de las expresiones: ‘Vamos a darte una cuñita por un mes… para ayudarte’… ¡Qué irrespeto!... Veamos quien ayuda a quien.

La mediación periodística

En el desempeño de su actividad, la mayoría de las veces el político no se dirige directamente a los ciudadanos, sino a través de la mediación periodística. Es una evidente secuela de la arrolladora penetración del medio televisivo.

En efecto, la televisión ha contribuido a modificar las estrategias electorales. Las campañas ya no se efectúan ‘cara a cara’, en las plazas públicas, y las actividades políticas se organizan teniendo en cuenta los horarios de televisión, a fin de facilitar el cubrimiento y la difusión adecuada del acontecimiento, al punto de que si no tienen televisión en vivo y en directo, prefieren aplazar debates o cualquier otra actividad.

Es claro: Los políticos de todas las layas, han encontrado en la televisión, el medio más eficaz para asegurar que sus programas y consignas lleguen al mayor número de ciudadanos con un mínimo costo, esfuerzo y máxima celeridad.

Lo anterior ha contribuido a que la función social del periodista se haya revalorizado en las sociedades democráticas, comenzando a formar una nueva clase, un sólido gremio, al que debe reconocerse como configurador de la conciencia colectiva. Los periodistas son creadores de ideas, normas y valores socales, desplazando de esta función a grupos institucionales que la habían ejercido tradicionalmente, como la Iglesia, la Universidad, los científicos y la clase intelectual.

La actual fragilidad de los sectores mencionados, sumada al vertiginoso desarrollo tecnológico de los medios de comunicación social, ha dejado el camino expedito a la comprobación de esa pragmática realidad, que muestra la influencia de la información en el debate social, en general, y en el político, en particular.

Es evidente el tránsito de una democracia de persuasión directa, en que el político movilizaba a sus electores mediante actos públicos, a la democracia de comunicación indirecta. Así, el dirigente político necesita a los medios, se sirve de ellos para comunicase con sus potenciales electores y persuadirles de las ventajas y la conveniencia de su programa ideológico.

Resumiendo: El político requiere del periodista para llegar más eficazmente a su público elector, y como consecuencia de ese condicionamiento, el periodista es cada día más importante para el político, hasta el punto de que determinada adhesión, puede llegar a convertirse en un objetivo político prioritario.

Por estas y por muchas más razones que no exponemos para no cansar a nuestros lectores, es inexplicable que algunos periodistas, escasos de dignidad, se conviertan en simples ‘correveidiles’ de vergonzosos politiqueros.

domingo, 23 de marzo de 2008

El encanto insospechado de las reglas ortográficas

Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’


Después de las mujeres, la ortografía es lo más fascinante y misterioso que conozco. Escribir de manera correcta es desafiar a un complicado sistema de reglas e intrincados parámetros; a todo un conjunto engorroso de normas y disposiciones, que a muchos ha hecho desistir de la frenética intención de transitar por los senderos de la literatura y el periodismo.

Lo cierto es que no ceñirnos a la complicada normatividad ortográfica puede ocasionarnos muchos sinsabores, incluso convertirnos en presa fácil del sarcasmo y el escarnio público. Primero, los maestros y profesores; luego, nuestros sabihondos condiscípulos. Después, los padres y los hermanos. Finalmente, compañeros de oficina… y quienes decidieron ser periodistas, tendrán que aceptar la ‘murga’ de los jefes de redacción: ‘Oye… no es bida… es vida’

Es más: Hoy constituyen motivo de investigación las horrendas secuelas y los efectos discriminatorios y sicológicos derivados del desconocimiento de la Ortografía, o de su mal uso… que es la misma vaina.

Si pudiésemos escribir como nos diere la gana, las aberraciones ortográficas conformarían sobre el papel una especie de liberación, una manera efectiva de reencontrarnos con el pasado, donde la escritura era un signo sobre la piedra; donde las palabras eran sólo pictogramas. Es decir, la palabra no era más que un relato gráfico de la vida cotidiana, de los mitos y de las creencias espirituales.

Trazar signos abstractos bajo el dictado de los sentidos, del cuerpo y la pasión, sin la presión de leyes gramaticales, permite a quien escribe con errores, escapar de la neurosis obsesiva en la que se convierten las faltas ortográficas.

Llenar solicitudes de empleos, escribir informes, redactar una carta, hacer una petición o escribir un correo electrónico, es para muchos una enorme mortificación. Los invaden las dudas y las preocupaciones por la posible incorrección de los textos.

Escribir según las reglas ortográficas posee un insospechado encanto. Si queremos hacerlo con alto grado de eficiencia, debemos recurrir a la lectura y desarrollar el ingenio para no cometer faltas protuberantes. Las palabras tienen su magia particular. Sus significados y su académica ortografía, deben ser nuestra permanente preocupación.

La envidia: ‘Mejor despertarla que sentirla’



Se ha dicho que la envidia es tan antigua como el hombre y uno de los más protuberantes defectos de la humanidad, sobre todo al tornarse destructiva. Para algunos, la envidia forma parte de los instintos naturales, como el amor, los celos o la agresividad.



Para otros la envidia es un fenómeno adquirido en el contexto social. Viene a ser la cara oculta de la competitividad y constituye una de los móviles que desde las hordas primitivas, indujo a los hombres a disputarse el prestigio y el poder, motivados por la idea de triunfar a ‘cualquier precio’, en el seno de la colectividad donde nadie está conforme con ser menos que otro.

Tal vez por eso, en la historia de la humanidad, la enemistad entre hermanos sea tan frecuente. En la Biblia por ejemplo, la envidia está representada en la disputa entre Caín y Abel, un hecho que desde entonces ha servido para designar las intenciones de personas envidiosas o crueles.

Otro caso es el encontrado en el mito de la fundación de Roma, en el que Rómulo, impulsado por la ciega ambición y la envidia, mata a Remo, su hermano mellizo. En la América precolombina, en el Imperio Inca, se recuerda la muerte de Huáscar, a manos de su hermano Atahuallpa, con absoluta crueldad, para acceder al trono.



La envidia, como el amor y los celos, es también tema central en la literatura clásica, en las fábulas de Esopo, Samaniego y La Fontaine, cuyas moralejas permiten comprender mejor las causas de este mal y sus funestas consecuencias.

Así mismo, en los cuentos de hadas, que tienen su origen en la tradición oral y la memoria colectiva, encontramos personajes revestidos con el manto de la envidia, unas veces como simples alegorías y otras como lecciones ejemplarizantes.



El famoso reportaje del padre del nadaísmo Gonzalo Arango, a Martín ‘Cochise’ Rodríguez, contiene una frase inmortal del ciclista paisa: “En Colombia muere más gente de envidia que de cáncer”.

Los envidiosos, para procurar la caída de su rival, difaman, insultan, calumnian, acusan, y lo que es peor, al quedar sin argumentos, convierten la mentira en verdad y la verdad en basura. Los envidiosos viven “a Dios rogando y con el mazo dando.” Tienen un denominador común: Suelen ejercitar la maledicencia y el gusto por encontrar defectos en quienes les han superado. En todos los gremios hay envidiosos. No en balde reza el dicho: ¿Quién es tu enemigo? El de tu mismo arte…



La envidia es un arma miserable que puede ocasionar infinito daño. Esto refiere la fábula “El sapo y la luciérnaga”: “Cierta noche, una luciérnaga revoloteaba en un huerto, donde un envidioso sapo le lanzó un escupitajo venenoso. La luciérnaga cayó, pero antes de morir le preguntó: Por qué lo hiciste. Porque brillas”, contestó el malparido sapo.

martes, 18 de marzo de 2008

El uso de las abreviaturas dobles


Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’

En el caso de la escritura de las llamadas ‘abreviaturas dobles’, no existe una doctrina clara, ni siquiera de parte de la Real Academia de la Lengua. Es frecuente que los medios de comunicación abrevien nombres propios de entidades como Fuerzas Armadas, Estados Unidos, Juegos Olímpicos, Relaciones Públicas…

Por lo antes reseñado, cada publicación lo hace como a bien lo tenga. Sin embargo, los expertos han trazado algunas reglas, cuya aplicación resulta conveniente cada vez que se usen estas abreviaturas convencionales, de nombres propios compuestos de dos palabras:

a) Se emplea sólo la inicial de cada una de las palabras (Fuerzas Armadas),
b) Se duplica para indicar el plural correspondiente,
c) Se debe utilizar el punto indicativo de abreviatura después de la duplicación.
d) Es necesario dejar un espacio en blanco después de cada uno de los componentes, como habría que dejarlo si cada palabra se hubiere escrito completa.
Así: FF. AA.

No obstante la aceptación más o menos generalizada de los principios expuestos, algunos medios y periodistas, suelen eliminar el espacio intermedio: FF.AA. Otros escriben, sistemáticamente, FF AA. Y unos terceros, utilizan con frecuencia, FFAA. Como puede verse, el factor común es la duplicación de la inicial como indicativo de plural.

Resulta un tanto inexplicable que los periódicos hayan complicado el tema, proponiendo y usando diversas alternativas para la expresión de la abreviatura señalada, porque con ello fragmentan la deseable unidad gráfica de la lengua. Como es obvio, tal disparidad de criterios ocasiona desconcierto en el usuario.

Sin embargo vale reconocer, que en general, nuestros periódicos se preocupan por el buen uso del lenguaje y el empleo adecuado de la ortografía. Consultan con filólogos, contratan asesores lingüísticos y correctores, elaboran libros normativos de estilo para sus redactores y colaboradores, y admiten y publican las quejas que sus lectores les hacen llegar, en tal materia.

Más allá de la falta de una norma clara y contundente al respecto, en casos como el tratado, intentemos seleccionar la mejor opción.

domingo, 16 de marzo de 2008

¿Escritor periodista o periodista escritor?

Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’

El tema planteado en el título siempre ha generado controversia. En mi sentir, ¿qué importa la nomenclatura y el orden?... Hagamos algunas reflexiones desde el irresistible encanto de la subjetividad.

Todo el que escribe es, potencialmente, un escritor. Por tanto, lo que escribe, es potencialmente, un texto literario. Pero los escenarios y los formatos varían: el periódico, la revista, la novela… Todos los hechos, de la vida y de la muerte, pueden ser materia de periodismo narrativo. La diferencia estriba en que el periodismo opera con verdades generales, y la literatura, en cambio, trabaja con la propia y personal verdad del escritor.

De acuerdo con el reconocido escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, “el periodismo narrativo busca producir un proceso de identificación entre el lector y la noticia que se está contando”.

En efecto, mis queridos amigos y lectores, compañeros del Semillero, no es lo mismo escribir de manera simple y lacónica “Ayer murieron cien personas en maremoto en Taganga…”, y seguir con un relato indolente de los sucesos, que escribir, verbigracia: “Mientras José Alejandro Barros, de cinco años, jugaba con una pelota en la playa de Taganga, una ola gigante se le vino encima, matándolo junto a otras cien personas, que se divertían en las blancas arenas del paradisíaco lugar”… Entonces… ¿Literatura o periodismo?...

Siempre que se hable de este tema, es imprescindible referirnos a Truman Capote, inexplicablemente desconocido por las nuevas generaciones de periodistas, ignorando su aporte monumental en la creación del Nuevo Periodismo. “A sangre fría”, una de sus obras más conocidas, llevada al cine, es realmente un excelente reportaje sobre trágico sucesos ocurridos en Holcomb, un pueblo perdido en la extensa geografía estadounidense, al oeste de Kansas. Incluso, su primera publicación fue por capítulos, aparecidos en el diario para el que laboraba el célebre homosexual.

La doble militancia en periodismo y literatura, ha sido una práctica frecuente. Citemos, desordenadamente, a Jorge Luís Borges, José Donoso, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Ernest Hemingway, Fernando Vallejo, entre otros.

El punto de encuentro más claro y atractivo entre periodismo y literatura, es la Crónica. Sin embargo, en el periodismo local es un género poco usado, no obstante que en el plano nacional se nota un resurgimiento de tan importante alternativa. La Crónica le permite al periodista servirse de la literatura para describir los hechos de la vida real. En tales casos, ¿literatura o periodismo?

Digamos, en gracia de discusión, que el periodismo es ‘la gran fiesta’ y el periodismo es ‘el polo a tierra’. De manera inconcebible, el gran maestro español Miguel de Unamuno se atrevió a sentenciar que ‘el periodismo mata la literatura’. Por supuesto, al conocer tal opinión, le retiré mis afectos. Me limito a decir que cualquier oficio puede morir si uno lo deja morir.

Al final se me ocurre que los periodistas deberían imitar, en cierta forma, la vanidosa actitud de los escritores, pero de forma digna y ejemplar, para que nuestra ligereza no provoque más la malsana ironía de humoristas como George de la Fourchadiére, que lustros atrás, se atrevió a escribir: “En el mundo hay dos actividades que no requieren preparación alguna: la actividad de los banqueros, que juegan con el dinero de los demás, y la actividad de los periodistas, que juegan con la honra de sus conciudadanos”… ¿Qué tal esa, viejo Hugo?

domingo, 9 de marzo de 2008

“Bueno el cilantro… pero no tanto”…

Semillero de periodistas "Álvaro Cepeda Samudio"
Con el argumento de que “la lengua es del pueblo y es callejera", el director de la Real Academia Española, Víctor García De la Concha, ha justificado que tan respetable entidad, comience a estudiar la elaboración de una tabla de abreviaturas para los mensajes de texto enviados por celular. El popular sistema es conocido como SMS (iniciales en inglés de ‘Servicios de Mensajes Cortos’).

El nombrado director de la Real Academia Española (RAE) explicó que se trata de dar respuesta a todas las personas que escriben en Internet o que utilizan los mensajes de los teléfonos móviles.

En mi particular sentir, si algo me molesta del ‘chat’ y de los mensajes de texto, es precisamente el insólito vocabulario creado por una catajarria de hiperbólicos perezosos, que cada día utilizan un léxico más abreviado e impensable. Pero vale reconocer que los tales mensajes de texto constituyen uno de los servicios más exitosos de la telefonía móvil. .. a pesar de todo.

El éxito es tal, que ya existen sitios web especializados en recopilar las impotables abreviaturas, a fin de introducir la mayor cantidad de información en los 160 caracteres que, usualmente, permite el celular. Transcribo algunos ejemplos del novedoso lenguaje, suministrados por mi amiga Diana Marcela Solera, orgullosa representante de una nueva y prometedora generación de periodistas en esta ciudad, y por supuesto, especialista en el tema:

k: que b: beso
ggg: risas h: hola
a+ : además a2: adiós
b7s: besitos salu2: saludos
m…: interesante t8d-: te echo de menos
TQPSA: te quiero pero se acabó
TQITPP: te quiero y te pido perdón
QT1BD: que tengas un buen día

jueves, 6 de marzo de 2008

¿Qué tan honorables son los ‘honorables’ concejales?

El más remoto origen de los actuales concejos municipales lo encontramos en el Imperio Romano, donde existía una entidad que tenía por objeto el cuidado y embellecimiento de las calles y monumentos públicos. Sus integrantes, llamados ediles, ejercían ad honorem. Era, por tanto, una institución de carácter cívico.

En el caso nuestro, los Concejos Municipales instituidos en el ordenamiento colombiano con rango constitucional, tienen su origen en los Ayuntamientos Españoles que fueron trasplantados a las numerosas colonias hispanoamericanas de la época.Luego de varios intentos por establecer y aclarar las reales funciones de los Concejos, sólo hasta 1886 se determinó que en cada Distrito habría una corporación popular llamada Concejo Municipal y fueron señaladas sus atribuciones.

La reforma de 1968 definió a los concejos como “Corporaciones administrativas de elección popular” y limitó el número de sus integrantes a un mínimo de 6 y un máximo de 20. Nuestra actual ‘Carta Magna’, de 1991, amplió el número de sus integrantes.

El Concejo es el ente coadministrador de la ciudad, por lo que participa en casi todas las grandes decisiones políticas y administrativas. Verbigracia, aprueba el plan de inversiones, presupuestos de rentas y gastos y los distintos proyectos que el ejecutivo municipal tenga a bien presentar, además de las iniciativas propias de los mismos concejales.

Tiene también otras importantes facultades: Es el encargado de autorizar al alcalde para la celebración de contratos y determinar la estructura de la administración, necesaria para el control, preservación y defensa del patrimonio económico y cultural del Distrito. Así mismo, elegir Personero y Contralor distritales.

Es claro entonces, que todas las decisiones tomadas en la ciudad son debatidas, modificadas, reguladas y votadas en el Concejo Municipal. No es descabellado plantear, que el Concejo es el ‘Congreso de la ciudad’. Por todo ello, los concejales son, - en teoría- los primeros y más autorizados representantes de la comunidad. Es una verdadera lástima, que a la hora de elegirlos, no se tengan en cuenta factores como trayectoria, gestión comunitaria, conductas pública y personal, y menos el importante tema de la honestidad comprobada y evidente.

Existe un concepto unánime en torno al hecho de que hace mucho tiempo Santa Marta no tiene un buen Concejo. Habrá tenido, esporádicamente, miembros excepcionales, pero se trata de tener un ente con objetivos comunes. Al fin y al cabo, “una golondrina no hace verano”.

Los concejales han creído, históricamente, que su papel consiste en actuar como intermediarios de favores, en la búsqueda permanente de prerrogativas para favorecer intereses particulares, y por supuesto, los propios. Todo el mundo lo sabe. Y ellos más que nadie. Tanto, que alguna vez, en algún lugar de Colombia, en un acto sublime de sinceridad, un ilustre concejal expresó con vehemencia: “Nos eligen… pero no nos quieren…”

Pero hay algo realmente mortificante. ¿Dónde, cuándo y por qué nació el trato formal de ‘honorables’ para quienes muchas veces no son más que saqueadores de los dineros públicos y cínicos estafadores de la confianza ciudadana?... No podría decir ahora que todos son malos, pero tampoco puedo decir cuáles son los buenos…

Viéndoles reunidos, tratándose de ‘honorables’ entre ellos, en un ridículo y frecuente espectáculo de elogios mutuos, es imperativo recordar una función circense, con la fervorosa complacencia de las amañadas barras y hasta de un silente y cómplice periodismo, -con valerosas excepciones- que nunca o casi nunca, se atreve a cuestionar a la vergonzosa yunta formada por administraciones y concejos distritales.

Desconozco el procedimiento, pero… ¿Habrá un concejal honesto, sensato y realista, que mediante proyecto intente terminar con el desesperante e hiperbólico tratamiento de ‘honorables’ para los miembros de la más importante corporación pública dentro de un régimen democrático?... ¿Podrán los distinguidos periodistas encargados del cubrimiento de la actividad administrativa local, suspender dicho formalismo, por inmerecido y exagerado? Dejar de llamarles ‘honorables’, es un real acto de honorabilidad, señores comunicadores…

Entre otras cosas, como en Colombia hay un día para todos los gremios y actividades… ¿cuál es el día del concejal?... Si todavía no se ha establecido, escuchemos esta propuesta de un satírico poeta español:

Hay quien lo pide, aunque siembre
sin pretensión de cosecha
proponiendo como fecha
el 28 de diciembre.
Fecha notoria, ideal
que define al concejal
Fecha que hallo consecuente
porque no hay ni un concejal
que no se diga inocente
cuando el concejo va mal…

Y por si acaso, como dicen en mi pueblo, “tapón de hierro cola’o”

martes, 4 de marzo de 2008

El vacío ético de nuestra sociedad

Uno de los caminos para abordar el conocimiento de una sociedad en conflicto como la nuestra, es ocuparse de algunas relaciones inherentes al niño y su violencia circundante, no sólo pensando en las secuelas que puede dejar en ellos, sin también porque lo ocurrido con los niños en una sociedad, es un buen indicador de lo que pasa en la sociedad misma.

Acercarse al problema implica varios aspectos: Se presenta como un asunto que conmueve, que supone una postura en dirección del bienestar del niño, y por ende, del bienestar del hombre. Otra consideración es que los hechos traumáticos, -por llamarlos de alguna manera- suceden con mucha rapidez. La ‘sin razón’ siempre camina con mayor prisa que la razón.

La falta de análisis del problema de la niñez que deambula por las calles, -por diversas razones- conduce a los lugares comunes, a las explicaciones facilistas, y en consecuencia, aparecen estereotipadas alternativas de solución, alejadas de la realidad, que pretenden controlar o apenas transformar lo establecido.

Hay un hecho indiscutible y desafortunado: En todas las épocas y en diferentes sociedades, ha existido un trato injusto para los niños. Así lo demuestra el fenómeno de los niños deportados durante la Segunda Guerra Mundial, y la masacre de niños ordenada por el emperador Bocassa, para sólo citar dos ejemplos.

En el particular caso colombiano, valdría la pena revisar qué modelos estamos proponiendo al niño. Lo cierto es que la expresión más contundente del vacío ético de nuestra nación, radica en que la sociedad está generando un ambiente de destrucción intencional de las personas, impidiendo que germinen, crezcan y se expandan principios éticos, valores morales y condiciones materiales, a fin de que la vida con dignidad sea posible para todos.

sábado, 23 de febrero de 2008

Porfa… ¿Me regala su telefono?

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

Otra vez a Diana “La cazadora” y al “Santo Chavista”

En nuestro país, el lenguaje materno ha perdido calidad en los últimos años. Creo que en gran parte se debe al poco interés que se le asigna en los currículos oficiales, lo mismo que a las normas ortográficas, para no referirnos a materias como la urbanidad y la cívica, que junto con el estudio de la lengua, constituyen la identidad nacional.

En opinión del académico Luís Duque Gómez, “el lenguaje es vehiculo cambiante de la expresión social y cultural de los pueblos.” Ello significa que debe estar en permanente evolución.

Sin embargo, quienes otrora hablábamos el mejor español de América, hemos permitido la escandalosa intromisión de un “léxico basura” incomprensible, imperdonable, que se fortalece día a día, con la sorprendente anuencia de los medios de comunicación social, obligados, paradójicamente, a velar por el buen uso del lenguaje.

La contradicción aludida, origina mi respetuoso reclamo a periodistas, comunicadores, publicista y profesionales afines, que parecen empeñados en acabar con nuestro idioma.

Es frecuente que las despampanantes ‘chicas de la prensa’ utilicen expresiones como “me regala su teléfono”, “me regala su dirección”, “me regala un minuto”, “le robo una llamada”, “le robo su esfero”… A su vez, una patética manada de vergonzosos locutores, pide con particular estridencia a las empleadas del servicio que les llama, “mamita, dime que estás cocinando y regálame tu nombre”. ¡Qué maravilla!

Si nos atenemos a esa singular manera de expresarnos, no somos más que una asquerosa catajarria de “pedigüeños” y “ladrones de siete suelas”. ¡Qué fea costumbre tan entronizada en el lenguaje cotidiano de comunicadores y funcionarios de toda índole!...

Pero el asunto no para ahí. Los comunicadores han adoptado expresiones sacadas de los lamentables boletines de prensa de algunas entidades, que insólitamente, resuelven todo con la simple adición de sufijos y prefijos a palabras ya conocidas: “desenergizar”, “repensar”, “concretizar”… Por la vía del facilismo, se obstinan en usar dos palabras separadas por un guión, para sugerir ideas de precisión: Didacto-pedagógico; pragmato-tecnocrático… ¿A quién pretenden impresionar?

Los redactores de noticias de policía, cambian los artículos por los posesivos: “El victimario le propinó dos balazos a su víctima, que le ingresaron uno en su pierna derecha, y otro en su cuello”… ¡Qué barbaridad! Es como si el paciente le dijera al odontólogo: “Vengo a sacarme mi muela”, y el doctor le responde: “Siéntese y abra su boca”…

En fin… esta columna resultaría insuficiente para reseñar el alud de errores imperdonables cometidos en el periodismo actual. En razón de lo anterior, la redacción de noticias y comentarios, saturada de tecnicismos e inadecuadas expresiones derivadas del pobre léxico burocrático y del ridículo lenguaje politiquero, dificulta la interpretación correcta del discurrir noticioso, en virtud de los diferentes niveles de escolaridad representados en el público lector o en la audiencia radial o televisiva.
Las siguientes perlitas son una pequeña muestra de la tóxica incidencia planteada: posicionamiento, sobredimensionamiento, valoración positiva, al interior, parámetro; contexto, tema, implementación, paradigma, modelo de financiación autonómica, techo presupuestal, desarrollo sostenible, proyectos productivos, priorizaciones, situación coyuntural… et sic de coeteris.

Este nuevo vocabulario,- por llamarlo de alguna manera- no describe nada, no dice nada… Sólo es útil para descrestar incautos. Aún admitiendo que nuestro idioma evoluciona como organismo vivo que es, y que las nuevas realidades de la vida requieren nuevos nombres, nuevos adjetivos y nuevos verbos, no es menos cierto que tales expresiones y vocablos deberíamos buscarlas en otras instancias, y nó en el enmarañado lenguaje de los políticos, o en el horroroso vocabulario de los tecnócratas.

Ustedes, señores periodistas, son dueños del poder de la palabra… Es imprescindible utilizarlo de manera correcta y eficaz.

jueves, 7 de febrero de 2008

El ‘meimportaculismo’: Una vergonzosa manera de vivir

Basta una ligera reflexión para concluir que en gran medida, la causa de casi todos nuestros problemas sociales, económicos, laborales, administrativos o personales, estriba en el llamado ‘meimportaculismo’, una cómoda actitud ante los problemas y dificultades que debemos enfrentar en el diario discurrir de la vida.

Haga la prueba. Si a usted llega la información veraz y contundente de que a su compadre del alma le están pegando cacho, por obvias razones de compadrazgo y lealtad, y luego de una seria reflexión, comuníqueselo. ¿Sabe que le responderá su compadre?... ‘Me importa un culo… Esa malparida es coya’. Y claro, usted queda como ‘chancleta vieja’, como una ‘hueva inflamada’…

Si usted, un honesto empleado, de cristalina conducta, se entera de la comisión de delitos en su empresa, con la mejor intención acude al superior jerárquico para enterarlo de los torcidos hechos, ¿sabe qué le dirá el perfumado ejecutivo?: ‘Me importa un culo… cógela suave… ¿Sabes qué loco?…Yo no voy a meterme en problemas’…

Dejar pasar… dejar pasar… que los problemas se arreglen solos… esa parece ser la consigna. Si por ejemplo, usted denuncia la existencia de un pequeño pero incómodo y dañino hueco en las calles de su barrio, a los funcionarios a quienes corresponde su arreglo, ‘les importa un culo’. Ni se mosquean los malparidos, hasta cuando el huequito adquiere características de cráter, originando lamentables accidentes con víctimas fatales incluidas. Y todo por el ‘meimportaculismo’, la más fresca, cínica, nociva y perniciosa actitud de burócratas y ganasueldos.

Si de buena fe, usted le advierte a un amigo que ha notado sospechosos comportamientos femeninos en su hijo varón, es probable que le responda con detestable indolencia: ‘Me importa un culo… Si la mujer mía tiene un hermano marica… ese hijueputa no lo recoge del suelo’…

¿Qué hacemos? El ‘meimportaculismo’ está de moda, y cada vez adquiere más fuerza en todos los niveles, sectores y espacios de nuestra sociedad. Su mayor arraigo y predominio se encuentra en las Honorable Corporaciones Públicas, cuyos miembros parecen elegidos por su notable incapacidad, más que por su vocación de servicio y aptitudes para el trabajo político y social. Y todo porque a los electores ‘les importa un culo’ quienes sean sus voceros y representantes.

Al samario todo ‘le importa un culo’. Es una posición histórica y humillante. Por eso, a Santa Marta se le mira con una óptica lastimera en el concierto político nacional. Nos ‘pordebajean’ de manera inclemente y descarada. Los altos funcionarios cachacos que por aquí llegan, con los cachetes colorados y ridículamente embutidos en guayaberas de San Andresito, saben que nos contentamos con poco… y siempre nos ofrecen migajas que acogémos con alborozo, como si se tratase de auténtica ambrosía… ¡Coño! ¡Qué vergüenza!… A los samarios todo les importa un culo.
Nos haríamos interminables señalando casos de evidente ‘meimportaculismo’. Lo cierto es que la cómoda actitud, es absolutamente contagiosa. De allí que por estos días, una ráfaga descomunal y vertiginosa de ‘meimportaculismo’ se pasea victoriosa por todos los recovecos de esta hermosa ciudad, por tradición, sin dolientes ni plañideras.

Y después de todo… ¿Para qué pierdo el tiempo escribiendo sobre esta vaina si a nadie ‘le importa un culo’?...

lunes, 4 de febrero de 2008

Por la publicación de un libro… “hay gente corriendo bases”…

He recibido con enorme satisfacción los originales del libro “Historia de la mariconería en el Magdalena”, de la autoría del maestro Aníbal Ceballos Camargo, a punto de ver la luz pública.

La prosa fluida, aunque a veces barroca del connotado historiador y periodista, lleva al lector por un irreverente y entretenido viaje por los vericuetos del homosexualismo en la ciudad y el Departamento. Entrega datos de evidente fidelidad y se empeña en la denuncia de docenas de personajes públicos que durante muchos años han permanecido en el closet.

Con su característico humor negro, Aníbal ‘tira al ruedo’ a políticos, ejecutivos y periodistas, que aún no se atreven a publicar sus tendencias sexuales, a quienes el autor insta a hacerlo con razonables argumentos y con la descripción de situaciones ejemplares.

Es un trabajo bien documentado, que contiene además una protesta de orden semántico, por la injustificable e insoportable costumbre actual de llamar gays a los maricas, cambiando el sonoro y atractivo vocablo por uno simplón y extranjero. Es posible que antes de su aparición divulguemos algunos apartes en este blog.

Sorprende la inclusión de algunos nombres de quienes no se había sospechado, pero las pruebas aportadas por Aníbal son contundentes… categóricas, dignas de creer. Es fácil presumir el éxito editorial de tan importante trabajo periodístico y literario, por las importantes revelaciones que contiene. Frente a su inminente divulgación, hay gente ‘pagando escondederos’ a cualquier precio. Sin duda, el escándalo será mayor que el propiciado por la publicación de ‘Las prepago’. Como expresé, tengo los originales, y claro… también la disposición de enviar algunos capítulos a quienes lo soliciten. Al fin y al cabo, como dicen en Plato, “yo no soy escaparate de nadie”.

Por cierto, Aníbal anuncia desde ya la impresión de otra investigación titulada “El baile de la pluma. Origen, desarrollo y practicantes históricos”, con la asesoría del sociólogo Tony Alberto De la Cruz. A no dudarlo, será también controversial…

jueves, 31 de enero de 2008

La T.V: Imperio de la vulgaridad y la ramplonería

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

A Diana, “La cazadora”…

Si lo pensamos bien, en la práctica, la televisión actúa como el verdadero Ministerio de Educación en nuestro país. Si creemos que la educación es algo más que la acumulación de conocimientos y habilidades, lo expresado es totalmente cierto. La televisión, incluso más que la familia, es hoy el principal promotor de actitudes, valores y antivalores en la sociedad moderna.

Basta dar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que cada día es evidente el incremento de la vulgaridad, la codicia y la inmoralidad…Y no solamente en la clase política. Las programadoras utilizan estos criterios, como carta de presentación y argumento básico para capturar público, y por ende, captar anunciantes.

No hay discusión: La telenovela es el éxito comercial más importante de la TV en las últimas décadas en América Latina. Para colmo, está inspirada en la cultura cristiana, donde, como todos saben, para ser felices es necesario cruzar un valle de lágrimas… ¿Cierto Tatiana?...

Hay para todos los gustos: novelas para niños, jóvenes y ancianos. Novelas históricas; para fetichistas y discretas prostitutas; para voyeristas, metrosexuales y homosexuales… en fin, para todos. Admitamos que en países como Brasil, Colombia, Venezuela, Chile, Perú, Ecuador, Argentina y México, además de fuente de entretenimiento, en los últimos años, la telenovela también ha modificado numerosos referentes sociales. De allí que muchas, en su momento, se sintieron Betty “La fea”, o “Gaviota”, o “Mi gorda bella”… por supuesto, estaban en su derecho…. Problema de ellas…

Lo cuestionable de las telenovelas no sólo radica en los estereotipos comerciales; en la apología a la belleza o a la fealdad; en la seudo moralidad y el ridículo sentimentalismo que prevalece en tan reiteradas historias, sino también en las ‘realidades ficticias’ que construyen referentes efectivos para seducir al espectador mediante contenidos triviales.

En la actualidad, se transmite por la televisión colombiana un gran número de ‘culebrones’, que refleja la poca exigencia del púbico y un claro atraso de creatividad, en una industria que en las tres últimas décadas ha ocupado parte de la vida de los espectadores con narraciones sentimentales, desbordadas de cursilerías.

Como resultado de tan discutible éxito, han aparecido programas parasitarios, que viven de lo que ocurre dentro y fuera de las telenovelas. Su principal ingrediente es el chisme desmedido, convirtiendo la pantalla en un péndulo entre el hedonismo y el sadomasoquismo. “La oreja”, “Ventaneando”, “El gordo y la flaca”, son algunos de los programas dedicados a tan repulsiva actividad en la televisión latina, así como “Sweett” y “El Lavadero” en la televisión nacional.
“Sweett” es dirigido y presentado por un descarado marica llamado Carlos Giraldo, con el apoyo de otros maricas dedicados a la reportería de farándula. En cuanto a “El lavadero”, tiene la presentación de una cachaca vieja y resentida, apodada “La negra candela”, que acaba de perder una demanda interpuesta por la actriz Lully Bossa, hoy dedicada el cristianismo. En el juicio, la actriz fue representada por Jaime Lombana, por cierto, abogado particular del presidente Uribe. La tal “Negra candela”, había tenido la osadía de presentar en su programa, una cinta que mostraba las peripecias sexuales domésticas de Lully. Por cinco mil pesos, todavía lo pueden adquirir en San Andresito. (Publicidad gratuita)

En fin…Volvamos al tema central. Es lamentable que estas historias desarrollen reiterativamente, estructuras de transgresión de valores como la lealtad, la fidelidad y el respeto a la armonía familiar. Por estos días, ya son muchos los osos que hacen algunas programadoras, en esta borrachera de peligrosas novelitas, a la que asistimos casi que involuntariamente. ¿Para qué sirve la tal Comisión Nacional de Televisión? No es más que una cofradía de ‘viejos verdes’

En síntesis, cualquier cosa puede pasar en la televisión nacional. Como van las cosas, tengo el oscuro presentimiento de que Jorge Barón, pronto aparecerá protagonizando su primera novela. Si eso es así… ¡yo si le zampo una patadita en los…!

miércoles, 30 de enero de 2008

Zancadillas al idioma durante las transmisiones del fútbol

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

El español, gracias a los descuidos y excesos del periodismo deportivo, enfrenta hoy un considerable peligro. En contra de su unidad y esencia, le están haciendo un gol de tiro libre. Quienes ofician como narradores, comentaristas y cronistas de tan popular actividad, parecen olvidar la importancia que reviste el buen uso de la palabra, escrita o hablada.

¿Alguien ha tomado nota de cuántas zancadillas recibe el idioma durante las kilométricas transmisiones de fútbol, por radio o televisión? Estimo que las suficientes para enviar al español directo a un centro hospitalario. Analicemos algunas frecuentes equivocaciones, especialmente en los llamados 'cubrimientos radiales', - no importa que el Unión sucumba y agonice en la B- claro está, con la mejor intención, sin nombrar transmisiones o periodistas locales, porque entre otras cosas, todos son mis amigos. Si acaso no lo fuere alguno, debe ser por su pequeñez o por su abrumadora insignificancia.

Antes del partido

Sin que el árbitro haya decretado el inicio del partido, narradores, comentaristas y auxiliares de todas las layas, comienzan una inclemente andanada contra la lengua de Cervantes. Los encargados de “cubrir camerinos” hablan de entreno para referirse al entrenamiento y dicen que el juego ha causado gran expectación, término que si bien no es incorrecto, es preferible reemplazarlo por expectativa, buscando sonoridad y elegancia.

De igual forma, sus enredados comentarios están plagados de anglicismos inútiles, pues ya tienen sus equivalencias en español. Enumerarlos, resultaría interminable.

¡Suena el pito!

Por fin arranca el partido. Arrecian las faltas sobre los jugadores de mayor técnica, y arrecian también contra nuestro vapuleado idioma. Pronto cae un defensa, como resultado de un claro golpe propinado por un delantero. El comentarista dice: “Esperemos que el golpe no sea nada serio”. ¿Serio? Por supuesto, el comentarista ignora que tal término es un calco del inglés. La palabra correcta para el caso, es grave.

El balón sale del terreno de juego. El lateral derecho es el encargado de realizar el saque de banda. El comentarista estrella se apodera de la palabra: “Fulanito puede en un momento dado sorprender con la potencia de sus manos… meter desde allí un centro. Es un hombre que le pega duro con la mano derecha”. ¡Bárbaro!...Ni que fuera un partido de voleibol.

Más adelante, para referirse a las virtudes de uno de los equipos en contienda, uno de los mentados especialistas, expresa: “Éste es el equipo que ha recibido menos anotaciones durante el torneo. Eso nos dice una cosa: es el equipo de mejor defensa”. Perogrullo debe ser el apellido de esta lamentable clase de analistas del fútbol, convencidos de que la audiencia está integrada por imbéciles y retardados.

Y luego manifiesta: “Tal como está el partido, es posible que el técnico haga uso del nóvel jugador fulanito de tal”. La palabra correcta es novel, pronunciación aguda, sin tilde, por terminar en consonante.

Admito que reflexiones como la siguiente, causan preocupación: “Se tiene que trabajar más, porque esos balones parados nos hacen mucho daño”. ¿Balones parados? ¿Y cómo pueden hacer daño? ¿Acaso el fútbol no se juega con balón en movimiento?... Eso nos recuerda al inefable Maturana: “Sin balón, Aristizábal es el mejor jugador de América”. Y continúa el rosario de perlas: “El arquero aguantó el remate con base a una gran experiencia, con base a aguantar”… Debe ser de todos conocido, que la expresión correcta es con base en. Sin embargo, siguen cayendo en tan fastidioso error.

Escuchamos también galimatías como el siguiente: “Es un equipo con elementos importantes, pero a nivel equipo, se han quedado cortos”. ¿Qué habrá querido decir el comentarista autor de esta genialidad? Esta es otra: “El equipo local ha adolecido de pólvora”. La intención del cronista es clara: hacer hincapié en la ausencia de fuerza goleadora. Sin embargo, adolecer es tener alguna pasión o vicio, tener algún defecto. De ningún modo carecer, como supone el ‘brillante’ analista.
Para colmo de males, el denominado 'pitazo final', origina un lamentable caos idiomático, con la impajaritable participación de futbolistas y seudo comentaristas, que desde la gramilla y los camerinos, protagonizan escenas vergonzosas para el periodismo deportivo. Sin duda, una pintoresca parafernalia, que es mejor olvidar.

¡Ojo periodistas y estudiantes de Comunicación! Jugadores y técnicos argentinos, más comentaristas de verborrea cantinflesca como Carlos Antonio Vélez, le hacen al idioma un daño inmenso, irreparable y humillante. El impotable manizalita, debería explicar, por ejemplo, qué es una ‘desinteligencia defensiva’… ¿Tú qué opinas, Lucho Fernández?... ¿Qué será esa vaina?...

miércoles, 16 de enero de 2008

Temeraria aproximación a la idiosincrasia del ‘hombre Caribe’ colombiano

Con frecuencia, por calles y callejuelas, de ‘pretil a pretil’, o mediante correo electrónico, anónimos y conocidos, me sugieren detectar, establecer y difundir diferencias entre costeños y ‘cachacos’, en mi opinión, una búsqueda trivial y baladí. Hay tantos cachacos buenos y malos, como costeños nobles y malparidos…

Pleno de la convicción de no contar con las herramientas científicas adecuadas, buscaré complacerlos, ante la reiterada y halagüeña petición, pero más que señalar diferencias, intentaré un perfil básico del hombre Caribe, en virtud de mi propia condición cultural. Los cachacos que hablen de los cachacos… Y como diría “El Cacique de la Junta,”… ‘ahí le va, compadre, ahí le va…’

Bien sabemos que Colombia es un país de países, por la diversidad en su relieve, flora, fauna, clima, y en especial, por su gente. Los aspectos señalados influyen en la determinación del color de piel, el acento marcado de las palabras, pero sobre todo, en los rasgos atinentes a la personalidad.

Si tuviere que recoger, en una sola palabra, el carácter del hombre de la Costa Norte Colombiana, me inclinaría por EXTROVERSIÓN, concepto no necesariamente referido a la parranda y a la bulla, sino enmarcado en una connotación más amplia. Esta manera de ser, la entiendo como la búsqueda permanente de diálogo, de ventilación, de necesidad y alegría de compartir con los demás nuestros propios entusiasmos, experiencias, sueños y preocupaciones

Por eso el hombre Caribe es comunicativo, deliberante y conversador; cuentero nato. Creo que la comunicación, sincera y espontánea, constituye para nosotros una necesidad esencial. En medio de este ‘bololó’ de lamentos y de tristezas en el que vivimos, la dialogicidad nos mantiene vivos. Si abandonáramos la palabra, sería como lanzarnos a los espinosos brazos del olvido.

La hospitalidad y la generosidad son también rasgos que nos distinguen del resto de núcleos poblacionales. Podría enumerar muchos otros, pero algunos muy puntuales seducen mi atención: La facilidad para crear nuevas palabras; el frecuente empleo de hipocorísticos, el uso recurrente de expresiones hiperbólicas; el relato de chistes y el rebautizo de amigos y desconocidos con oportunos apodos, características que conforman el amplio bagaje ‘mamagallístico’ del hombre costeño, animado sólo por la intención de extraer sonrisas.

Sin duda, esta flexibilidad o colorido en el habla costeña, convierte nuestras pláticas habituales en una actividad lúdica, como resultado de los mecanismos conversacionales que empleamos de manera rutinaria.

Como ya expresé, no soy partidario de localizar diferencias entre cachacos y costeños, pero no me resisto a entregar, la que en mi sentir constituye la gran diferencia entre unos y otros: Mientras los cachacos con sus adoradas mujeres ‘hacen el amor’, nosotros las levantamos a pura…

martes, 15 de enero de 2008

A propósito del femenino de profesiones, oficios, jerarquías y dignidades

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

El acceso de la mujer a profesiones y actividades históricamente desempeñadas por hombres, ha planteado en el ámbito hispánico, en la práctica, tres posibilidades para su denominación:

1.- Feminización del término masculino. Ej: La tenienta
2.-Comunización del término masculino. Ej: La teniente
3.-Androginización del término masculino. Ej: El teniente

Una voz de enorme prestigio gramatical, la de Manuel Seco, afirmaba rotundamente en 1972: “El femenino es presidenta, no presidente, como tenienta y no teniente”.

Ya es general el tratamiento la doctora, pero aún persiste el hábito de emplear la médico en lugar de la médica. En tal sentido, es lamentable que sean las mismas profesionales, las que promulguen la designación equivocada de sus dignas actividades, masculinizando sus títulos: neurólogo, abogado, ingeniero…

De tal circunstancia, podríamos decir que es un vestigio de la fase fálica, por lo que deberían ser, precisamente las periodistas, las más interesadas en usar, sin temores de ninguna índole, los femeninos correspondientes autorizados por la Real Academia. Verbigracia: catedrática, mandataria, jueza, edila, concejala, tenienta, torera, fontanera…

Lamento que los temores y la timidez para usar los femeninos correctos, persistan y atrasen el desarrollo de nuestra lengua. Hace tiempo que los diccionarios recogen en entradas únicas, arquitecto (ta) e ingeniero (ra), y con definiciones encabezadas por la fórmula ‘persona que’. No obstante, insisten en llamar arquitecto a la arquitecta, e ingeniero a la ingeniera.

Son muchas las personas que todavía hoy, se desconciertan y sorprenden ante el hecho de que las mujeres ocupen cargos o desempeñen funciones; o se dediquen actividades tradicionalmente reservadas a los hombres… y no saben cómo llamarlas. El Diccionario de la Real Academia, hasta 1992, establecía escandalosas desigualdades entre el masculino y el femenino de algunas palabras. Por fortuna, el último DRAE corrige sustancialmente la situación planteada. Es absolutamente recomendable acogernos a tales disposiciones.

Así las cosas, y retomando el ejemplo inicial, de las tres alternativas expuestas, provenientes de la praxis, la opción correcta es la primera… ¡Firme… tenienta!...

lunes, 14 de enero de 2008

Una carta sincera para un hermano incomparable

Querido Edgardo:

Por estos días, siento que la malparida enfermedad que me aqueja me acerca a la muerte con calculada frialdad y evidente morbo, como si con ello cumpliese un siniestro encargo, para verme sufrir arrodillado, para hacerme gritar suplicando perdón… para arrastrarme… pero no sabe que aprendí de mamá la terquedad y la porfía… Por cierto, Edgar… mi vida es una ‘muñequera’ diaria con la silla de ruedas y con las limitaciones derivadas de su indeseado uso. Es una tragedia impensable, que sinceramente, yo no merezco… Pero ya no importa. Soy un hombre sin dioses ni vasallos, sin Biblia y sin crucifijo…

Reviso con frecuencia el curso de mi vida, y siempre concluyo que estuve ceñido a las normas de oro de la humanidad, pregonadas por las diversas religiones, llámense como se llamen, todas interesadas en la resignación y la ceguera de sus adeptos, para seguir esquilmándolos en descarada actitud delincuencial.

Estoy listo para partir con dignidad y orgullo, con la convicción absoluta de la sencillez y la bondad de la muerte. Lamento que curas y pastores, monaguillos y predicadores, beatas y laicos promiscuos, hayan convertido a un acto liberador y sublime como la muerte, en una ridícula parafernalia, en la ocasión propicia para que algunas solteronas y casquivanas de todas las layas, exhiban sus mejores gafas, made in Maicao, en los refulgentes salones de empresas fúnebres, por cierto, modelos excelentes de organización comercial en la sociedad consumista de hoy. Y en el colmo de la hipocresía, de vez en cuando, las emperifolladas damitas lanzan un doloroso snif, snif, mientras reacomodan los delicados espejuelos sobre sus pulquérrimas narices, repletas de cirugías, en el repetido intento de lucirlos… a toda costa.

Creo haber sido un hombre sensato y alejado de pretensiones inalcanzables. De hecho, si hoy llegare la fatídica parca, sólo me llevaría, compadre, la frustración de no haberle llevado serenata con Poncho, en uno de sus cumpleaños. Admito que una segunda frustración sería no haber amanecido con Neneco donde las coyas históricas y gloriosas de San Juan del Cesar, bandidas incomparables y sublimes, inspiradoras de versos y de cantos inmortales, a las que siempre recordaré, porque una plomiza madrugada de abril, de angustias y sinsabores, me brindaron sus falsos amores y su más amplio catálogo de fingidas pasiones.

No abrigo temores. La posible cercanía de la muerte no me hace temblar. Por el contrario, me envalentona y rebeldiza; me da fuerzas para no someterme de inmediato a sus designios. Es obvio que si no creo en Dios tampoco creo en el diablo, y por tanto, no espero premios ni sanciones. Sé que he cumplido. Usted, mejor que nadie, sabe que he vivido lejos de las ambiciones y las vanidades. Me ha bastado con el orgullo indescriptible que me produce la honestidad y rectitud de mi familia, y la lucha permanente por la educación de mis hijos… ¡Hé ahí mi única e invaluable fortuna, que por supuesto, también es suya… también es de todos!

Si como parece, llego a partir antes que usted, le pido no niegue a mi familia su orientación ecuánime y su ayuda oportuna y leal, como corresponde a la hermandad apacible y alegre que hemos llevado desde nuestra más remota infancia, de la que recuerdo en especial, su tendencia temeraria en utilizar caballitos de palo para la destrucción de peligrosos y encumbrados ‘paracos’, de donde escapaban enjambres inmensurables de fieras avispas, que curiosamente a usted no lo perseguían, -como si con ellas tuviese un pacto-, mientras desataban una incansable persecución en mi contra. Es un misterio, que a pesar de los años transcurridos, usted no ha querido aclararme.

Algunas veces, todos, sin aparente razón, hacemos un rápido balance de nuestras vidas y de las ejecutorias cumplidas en su curso. Para ello, es recomendable establecer referentes específicos, que nos permitan sacar conclusiones objetivas, en lo posible. En su caso, es incuestionable que su ejercicio comparativo sería altamente positivo. ¿Acaso el cariño de comadre Margarita y la ternura penetrante de las tres Marías, más la placidez de su cálido hogar, no son indicativos de halagüeña cercanía a un concepto real y pragmático de felicidad?... Creo que sí, compadre…

En mi caso, a pesar de la dramática situación que vivo, a pesar de mis tortuosas cadenas, también debo concluir que mi paso por la vida no ha sido intrascendente, no ha sido vacío. En su discurrir, he tenido la oportunidad de compartir con Muñe, -camino que cruza mis montañas- y de procrear hijos, que seguramente serán útiles para la familia y la sociedad.

Maldigo con rabia y con la mayor vehemencia que mi corazón sea capaz de albergar, la nigérrima mañana en que dejé de caminar, terminando con ello mi condición de hombre libertario y bohemio, dueño arbitrario de noches azules y amaneceres dorados, y dueño además, de una heterodoxa catajarria de amigos y amores, que me hicieron creer alguna vez, que la vida me sonreía… ¿A quien puedo reclamar por mi hiperbólica desgracia?...

Por ahora, compadre, 'se la dejo ahí'… Cordial abrazo…

Los cuatro porqués

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

Con inusitada frecuencia, periodistas, estudiantes de comunicación, ejecutivos, miembros de altas corporaciones públicas, secretarias de diversa índole y toda clase de mortales, incurren en escandalosas faltas cada vez que deben emplear uno o varios de los cuatro porqués. Intentaremos dilucidar el tema de la manera más sencilla posible.

Primer caso: Se escribe como una sola palabra

PORQUE. Implica causa o fin. Esta forma es una conjunción causal:
---Ej: No fui a la fiesta porque no tenía ganas
O bien una conjunción final:
---Ej: Recemos porque no llueva

Segundo caso: Se escribe también como una sola palabra, pero con tilde en su última vocal.

PORQUÉ. Es un nombre de género masculino que significa causa, motivo:
---Ej: Explícanos el porqué de tu disgusto. (Singular)
---Ej: Desconozco tus porqués (Plural)

Tercer caso: Se escribe separado y sin tilde en su vocal final

Se presentan dos circunstancias:
UNO:
Por que: Pareja de Palabras formada por la preposición Por y el pronombre relativo QUE
---Ej: Este es el motivo por que te llamé

DOS:
Se trata de la preposición POR seguida de la conjunción subordinada QUE.
--- Me preocupo por que no te pase algo malo

Cuarto caso: Es la secuencia formada por la preposición POR y el pronombre interrogativo QUÉ. Aparece en oraciones interrogativas directas. (La pregunta lleva el signo de interrogación)
---Ej: ¿Por qué te pones así?

En oraciones interrogativas indirectas (Sin signo de interrogación)
---Ej: No comprendo, Rosario, por qué te pones así

En oraciones exclamativas directas e indirectas
---Ej: ¡Por qué te pones así!

domingo, 13 de enero de 2008

La noticia: Definición y estructura

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

Estas líneas no tienen pretensiones académicas. Sólo el humilde propósito de contribuir a la formación de estudiantes de Comunicación Social, y en especial, de quienes se ejercitan día a día, de manera pragmática, en tan apasionante actividad. Y claro, también son el producto de las reflexiones y de la práctica periodística del autor durante varios lustros. Es además, una forma de contrarrestar, a través de un trabajo sistemático y perseverante de comunicación, las influencias alienantes y los clichés empleados con descuido, por quienes han decidido abrazar esta disciplina.

Si revisan el archivo del blog, encontrarán que con frecuencia, y bajo el rótulo Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”, hemos publicado anotaciones referidas al Periodismo y a la Comunicación Social. Prometemos no desfallecer en el intento de suministrar a estudiantes y practicantes, elementos sencillos y prácticos, que podrían ser herramientas útiles en el desempeño de la actividad profesional.

La Noticia
En el mundo del periodismo y en la vida corriente, una de las palabras más empleadas, es noticia… Pero… ¿sabemos qué es noticia? En ocasiones nos cuesta definirla con precisión.

Lo que está claro es que todos necesitamos recibir y comunicar novedades, que de alguna manera afectan a quienes nos rodean. Incluso, sentimos cierta satisfacción al enterarnos de algo nuevo y tratamos de trasmitirlo a otras personas lo más rápidamente posible. Admitamos que en el fondo, todos somos un poco periodistas.

El hombre necesita, al menos, conocer los hechos que se producen en su entorno. Ello le permite comprender mejor el mundo externo. Los medios de comunicación tratan de satisfacer esa necesidad humana mediante la divulgación de noticias. De modo que todas las noticias recogen algún acontecimiento, pero no todos los acontecimientos son noticias. Separar tales circunstancias, adecuadamente, es el primer cometido de un periodista. La noticia debe reunir cinco características básicas:

1.- Actualidad. Debe informar sobre sucesos acabados de producir, anunciar o descubrir. No es noticia lo que no es actual. El descubrimiento de América fue noticia en 1492, pero hoy no podríamos presentar el hecho con tal intención.

2.- Novedad. Si no es nuevo, no es noticia. Por tanto, si el hecho no es nuevo, el periodista deberá buscar algún aspecto que resulte novedoso para el público.

3.- Veracidad. Los hechos relatados deben ser verídicos, fieles a la realidad. Las noticias con ‘trampas’, son productos de la falta de ética de algunos seudo periodistas.

4.- Periodicidad. Generalmente, son presentadas con un intervalo fijo de tiempo, de acuerdo con el medio de comunicación en que se divulgue..

5.- Interés Público. Sólo es noticia aquello que pueda originar interés en la gente. Así, lo que en un lugar es noticia, puede no serlo en otro por razones culturales, sociales, políticas…

En la suma de los anteriores elementos, encontramos la definición de noticia. Los que la constituyen básicamente, son conocidos con el apelativo de “5W” (What, Who, When, Where, Why) es decir: Qué, Quien, Cuando, Donde, Por qué… interrogantes que en lo posible, serán respondidos en la elaboración del lead o párrafo inicial.