domingo, 27 de abril de 2008

“Más claro no canta un gallo”…



Algunos de mis amigos ‘mamasantas’, y por supuesto, muchas de mis amigas ‘mamasantos’, me preguntan con inusitada frecuencia, -tal vez por viejo y por lisiado-, si es posible estar enamorado de dos personas a la vez… Bien conocen la respuesta, pero necesitan de una confirmación… De un aliciente… Les gusta la alcahuetería… ¡Claro que sí!… Si alguien cree que nó, que el amor verdadero es único, simplemente está jodido… bien jodido.

La vida termina enseñándonos a descubrir que esa vieja sentencia no es certera. Se puede amar a dos personas a la vez y sentir un amor distinto por cada una de ellas:

1.- El amor asentado en el tiempo, profundo y cómplice; hecho de momentos compartidos, de una vida transcurrida en compañía, llena de experiencias únicas e irrepetibles.

2.- El amor que irrumpe en nuestra vida de repente, sin quererlo ni esperarlo, que nos llena de ilusión y alegría y nos hace sentir enamorados como si fuera la primera vez. ¡Es una hermosa experiencia, que de alguna manera todos deberíamos vivir!

Si no me traiciona mi enamorada memoria, los siguientes versos fueron grabados por Ana Belén en recordada interpretación:

Entre dos amores voy a la deriva
uno me protege, el otro es mi guía
uno me da hogar, el otro vida
uno es amor, el otro me excita.
Entre dos amores voy como hoja al viento
uno es el que tengo, el otro es el que siento
uno es tan suave, el otro tan fiero
uno me da paz, el otro me da miedo.
Entre los dos voy enloqueciendo
un amor normal, un amor veneno
un amor tranquilo, un amor deseo
si con uno vivo, por el otro muero.
Entre dos amores no sé lo que quiero
un amor casero, un amor bohemio
el que tengo siempre o el aventurero
un amor sensato, un amor sediento.

Entre dos amores no sé lo que anhelo
amor de palomas o un amor de fuego
con el uno duermo, con el otro sueño
uno me adora, y el otro es mi dueño.

En menos de un segundo cambia como el viento
hoy me lleva al cielo, luego al infierno
y me hace bailar al son de sus deseos
por eso le odio, por eso le quiero.

Es posible que el tema para algunos no tenga significado, ¿pero quién al menos una vez en la vida no se ha sentido presionado entre dos amores? ¿Qué hombre no ha encontrado pretextos para soñar con dos hembras exuberantes y cautivadoras?

A Muñe, -‘camino que cruza mis montañas’- especial reconocimiento por su infinita y silenciosa comprensión. Más que saberlo, presiente que alguien, en puntillas, camina por mis sueños, sensual y altiva, empujando con paciencia y señorío mi silla de ruedas; enervando mis sentidos, adueñándose de mis madrugadas, martirizando mi subconsciente con el roce sutil de sus divinos e indocumentados pezones, y acelerando con salvaje lascivia, mi ya inevitable locura de amor.
Esto no significa una crisis de sanos sentimientos. Y menos que no seamos capaces de amar a una sola persona. Lo que realmente significa es que pueden albergarse sentimientos semejantes, alimentados y dirigidos hacia distintas personas. Sólo debemos saber cómo, cuándo y dónde es la oportunidad de demostrarlo. Siempre al final de la jornada… existirá un sólo amor, un sólo sentimiento… ¡Ese que nos acompañará mientras nos acompañe el sol!

sábado, 26 de abril de 2008

¿Al fin qué? ¿El ‘man’ era mala gente?

En Santa Marta, a pesar de todo, de “Barrio Samario”, de las “Águilas Negras”, de “Los Mellizos”, “Care’choque”, mi compadre Jorge Soto Daza y todo el vacile parafernálico que invade a diario a esta seductora parroquia, los acontecimientos delincuenciales forman parte de la ‘canasta familiar’ y se riegan como pólvora.

Cuando ello ocurre, todos fungimos como periodistas, porque aquí todos nos conocemos, y son muchos los lazos familiares y enredos de compadrazgo y amistad sólidamente establecidos. Aquí todo el mundo sabe todo. No deberían por tanto existir tan claras y lamentables contradicciones, entre notas periodísticas referidas al mismo suceso, en especial, de crónica roja, que tantas secuelas dejan cuando no reciben el tratamiento correcto.

La indebida situación ocurre con relativa frecuencia, pero ayer, el par de diarios locales, del que debemos sentirnos orgullosos, por el esfuerzo que representa, en una ciudad árida para la comercialización y displicente para el sostenimiento de empresas e industrias de cualquier tipo, nos ofreció el relato de un mismo hecho judicial, pero con versiones tan diferentes, que los lectores ‘quedamos azules’.

La única coincidencia radicó en el nombre y la edad de la víctima, Jairo Martínez Hernández, de 45 años. De ahí para adelante, los cronistas no parecen referirse al mismo hecho, tal es la diferencia de detalles, horas y circunstancias, con los que desordenadamente construyeron la noticia.

Es fácil advertir que las contradicciones comienzan con la identificación y naturaleza del árbol del que cayó ‘el loco Jairo’. Pero eso es lo de menos. Obsérvese que en HOY DIARIO, el suceso se presenta inicialmente en horas de la noche del jueves, según la ‘bajada’, y dos párrafos más adelante, los mismos lamentables episodios ocurren en horas de la mañana. Finalmente, Jairo Martínez, muere en la noche, en la Clínica Mar Caribe.

En la información que entrega EL INFORMADOR, el occiso cayó de un palo de coco. Esa diferencia no tiene peso en el contexto global de la información. Es un simple detalle accesorio. Pero sí resulta lamentable, que los correspondientes cuerpos de la información, estén plagados de abiertas contradicciones relativas a aspectos que podrían resultar trascendentales, en el curso de eventuales indagaciones.

Ante la justicia y la sociedad, no es lo mismo hacer alusión a un reconocido ‘voyeur’ de determinado sector, con claros antecedentes en tal sentido, según la afirmación de algunos vecinos, como lo consigna HOY DIARIO, que presentar el caso de un simple ‘cogedor de coco’, contratado para realizar dicha labor en un prestigioso plantel educativo de la ciudad, en especial, cuando en Colombia se debate en todos los niveles, la creación y endurecimiento de penas y sanciones para delitos de corte sexual.


EL INFORMADOR habla además de que el interfecto contaba con amplio reconocimiento como persona de bien, mientras HOY DIARIO presenta una desafortunada semblanza del occiso, basado en declaraciones de vecinos y moradores del sector, en apariencia, fastidiados por la inmoral actividad cotidiana de Jairo Martínez. Confieso que en mi caso hubiere titulado: “Cogedor de punta muere en su ley”… si del caso hubiere sido.

¿Era un voyeur? ¿O un esforzado trabajador de oficios varios? ¿El hecho sucedió en la mañana o en la tarde? ¿En Pescaíto o en el Colegio Diocesano? ¿Se desprendió de una altura de 20 metros o de sólo 7 metros? ¿Cayó por qué resbaló o cayó perseguido por un furioso enjambre de abejas? ¿Gozaba o nó del aprecio y la consideración de vecinos y conocidos?

El tema de las inexactitudes e imprecisiones en la información de ‘baranda judicial’, ha sido tratado en varias ocasiones en este humilde blog, que propende por el libre ejercicio de un periodismo ceñido a la realidad de los hechos y a la realidad circundante, sin ocasionar lesiones a la honorabilidad de nadie.

Si ‘el loco Jairo’ era o nó voyeur consuetudinario, es asunto que no nos corresponde dilucidar. Tan sólo podemos hacer un elemental llamado a quienes redactan este tipo de informaciones, para que lo hagan ceñidos a la verdad verdad y a la verdad sumarial, de forma que nosotros, los desprevenidos lectores, podamos crear juicios correctos, sin caer en conceptos precipitados, o con los que podamos hacer daño a la honra de personas que por una u otra razón aparecen involucradas en este tipo de noticias.

Los reclamos airados de familiares y amigos, que se presentan a diario en las direcciones de medios, deberían ser hechos a la Policía Nacional y en su pomposamente llamada Oficina de Prensa, entidad encargada, la mayoría de veces, de suministrar los datos que sirven para la confección de notas judiciales, en periódicos, emisoras de radio, televisión e internet. Tales entidades, generalmente orientadas por personas no capacitadas para esas funciones, día a día, pisotean derechos fundamentales y garantistas de la legislación colombiana.

Y si el cura se emborracha… ¿Qué se puede esperar de los monaguillos?...

La importancia del ‘lead’


Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’

Mucho se ha escrito sobre las entradas o encabezamientos- suele usarse la expresión inglesa ‘lead’-, pero sin duda la redacción del primer párrafo de la noticia, continúa siendo lo más exigente y aunque no parezca, lo más difícil de la tarea periodística.

El encabezamiento o entrada “debe agarrar al lector por las solapas y meterlo, quiéralo o no, en la lectura”. Debe decir algo, ipso facto, al lector. Y decirlo con honestidad, ingenio y con vigor. No es tan fácil como parece…

La entrada debe ser clara, atractiva, y sencilla de modo que cualquier lector pueda comprenderla. Debe contener una promesa respecto de lo que sigue, promesa que desde luego, hay que cumplir.

Las funciones que cumple el encabezamiento, lead o entrada, entre otras, son las siguientes: Sintetiza la información, pone énfasis en lo característico del asunto; identifica hechos y personas, y sobre todo, incita a la lectura. En ocasiones, no es posible cumplir con todas. En tales casos se atiende las que sean posibles.

La entrada, cuya brevedad se aconseja, puede clasificarse según diversas referencias: Formas gramaticales, estructuras y efectos. Las clasificaciones permiten ordenar el pensamiento respecto de la responsabilidad y unidad de trabajo que supone la redacción y reiterada corrección de la entrada. En el momento de prepararla, lo que determina su calidad es la preocupación por decir lo más importante de la manera más atrayente y con el menor número posible de palabras.

Si en alguna parte puede el periodista reflejar su ingenio y habilidad es en la entrada, recurriendo a todos los resortes expresivos: el interés humano, el suspenso, la paradoja, lo inesperado… con el objetivo de dar brillo y vigor a estas primeras líneas del escrito que suelen ser decisivas.

lunes, 21 de abril de 2008

Care’mondá: Una infortunada expresión de vertiginoso acuñamiento



Como se sabe, la expresión ‘mondá’, referente al órgano genital masculino, fue inventada por los mecánicos de ‘El Boliche’, imitando la sonoridad de la expresión ‘¡Dios mío!’, salida de los lujuriosos labios de las putas francesas del barrio Chino, en Barranquilla, apenas sus tremulantes orgasmos ‘asomaban la cara’. En mi pueblo dirían, “cuando les estaban llegando los monitos”. El resto es historia. Y algún día, habrá de ser aceptada por la Real Academia, ante la fuerza y costumbre de su empleo. Pero eso una cosa…

Otra cosa es la fea costumbre esparcida hoy por todos los niveles,- académicos, políticos, sociales, estudiantiles, familiares, periodísticos, deportivos, comunitarios, y hasta religiosos- donde la grotesca expresión ‘care’mondá’ hace una carrera veloz e impresionante, y sin ser suficientemente advertida, sigue permeándo círculos sociales insospechados.

Sin dármelas de puritano, incluso, muchas veces acusado del uso reiterativo de expresiones desobligantes, sindicaciones que he intentado responder atribuyendo relativa importancia al empleo catártico de algunas groserías en la comunicación, en este caso, estimo que, por lo menos, periodistas y estudiantes de comunicación, no deberían sumarse al uso irresponsable del ya popular vocablo. Pero aprovechemos para el establecimiento de algunas reflexiones.

¿Qué diferencia hay entre lo vulgar y lo obsceno? Lo vulgar está referido al común de la gente popular, según la Academia. Verbigracia, la expresión ‘me importa un carajo’, es vulgar más no es obscena.

Obsceno es lo impúdico, torpe, ofensivo al pudor, según la misma entidad. Por tanto, hay palabras que pueden ofender el pudor de algunas personas, pero no el de otras, por su carácter subjetivo.

Es necesario dilucidar también, dónde reside lo obsceno de una palabra: ¿En la idea contenida en ella o en la palabra misma? ¿En su sonido o en su estructura morfológica? La pregunta es pertinente porque no resulta muy claro, que términos como ‘prostituta’, ‘ramera’, ‘meretriz’ y decenas más equivalentes, no sean obscenas, mientras se descalifica el sonoro vocablo ‘puta’. En fin… son cosas de la Academia y de la gente fina…

Pero a este humilde escribidor de notas, sí le parece que con el cuento de ‘care’monda’, 'care’verga’, ‘care’copa’, o cualquiera otra de similar contenido semántico, - al fin y al cabo, son la misma mondá- se han pasado de vitola. Hay términos como ‘guasamayeta’, ‘chambelona’ y ‘cabeza de cebolla’, usados con el mismo significado, que todavía no adquieren el prestigio de las mencionadas… pero ahí van…

Sobre temas como éste, vale recordar que el uso indiscriminado y abusivo de tales palabras, conduce a la pérdida de su potencia expresiva. Por eso se vuelven familiares y admitidas por Raymundo y todo el mundo. Pero en mi sentir, es una lamentable costumbre, que cada día toma más fuerza sin ton ni son…

Lo realmente chocante es que resulta frecuente escuchar la grotesca expresión de labios de jovenzuelas uniformadas, que van o vienen del colegio, o a imberbes jovencitos que llegan a la tienda, gritando al dependiente: “Oye care’mondá, dame un cigarrillo y un fosforito”. Y el cachaco, de cara colorada, le arroja el pedido sobre el mostrador con estudiada indiferencia, al tiempo que le espeta: “Ahí tienes care’verga”…

Me avergüenza un tanto, pero… ¿Usted quiere asistir a un festival de mondás? Asómese a un diálogo entre periodistas, por internet… pero tenga cuidado, porque del monitor podría saltar una las tantas mondás que circulan en tan edificantes conversaciones…y hasta daño podría causarle… depende de dónde le caiga…

jueves, 17 de abril de 2008

Nuestra Lengua: En Peligro de muerte



Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’

A Diana Marcela

La Internet y las Superautopistas Informativas cumplen hoy la triple misión históricamente asignada a los medios de comunicación: educar, informar y entretener

En la era del Ciberespacio el lenguaje tomó una nueva valoración y por ello es necesario defender su uso y su calidad. La lengua es fundamental en el sistema habitual de comunicación. El filósofo británico Ludwing Wittgenstein, sostiene: “Los límites de mi lenguaje constituyen los límites de mi mundo”. Sin duda, en el ciberespacio, se libra ya un intenso conflicto lingüístico.

Por ello, no es exagerado afirmar que nuestra lengua está en inminente peligro, y para dirigir la lucha organizada contra este gran riesgo, las Academias de la Lengua son los órganos adecuados.

Los pueblos de habla castellana debemos solicitar a los gobiernos que doten a las Academias de los medios necesarios para adelantar una eficaz defensa del idioma, fundamento de la unidad nacional.

Las Academias son laboratorios de creatividad y motores de acción donde se dan cita el patriotismo, la inteligencia y el servicio a la comunidad, consideradas organismos consultivos del gobierno.

Resultaría oportuno hacer valedera la sentencia del padre Félix Restrepo: “Mientras hablemos una misma lengua, la naturaleza misma nos tendrá unidos. Nada hay que una tan fuertemente nuestros pueblos como el tesoro de una lengua común”.

Es deber de todos los ciudadanos, periodista y estudiantes de comunicación social, defender el idioma patrio y contribuir a la conservación, enriquecimiento y difusión de la sonora y majestuosa lengua de Castilla.

Resulta imperativo caer en cuenta de que la conservación de nuestra herencia común, el habla castellana, es tan urgente como la defensa de los recursos naturales, de los suelos, de las fuentes de agua… y sin duda, como la defensa vehemente que hacemos de la mujer que amamos.

miércoles, 9 de abril de 2008

En Santa Marta todo es mentira… mientras no se demuestre lo contrario



Lamentable pero cierto. Hemos hecho de la mentira una profesión. Es frecuente que al conversar con alguien, especialmente si es político, estemos pensando que aquel interlocutor nos miente.

Lo anterior me conduce a establecer la presunción de que en Santa Marta todo lo que se dice es mentira hasta cuando no se demuestre lo contrario. Somos una abominable sociedad de mentirosos. Y para colmo, permanecemos con los brazos abiertos, dispuestos al arribo impúdico de romerías de embusteros y falsarios de todos los niveles, venidos de todos los puntos cardinales, que encuentran en la ciudad, el terreno abonado para sus fechorías y trapisondas.

Podríamos intentar una ligera clasificación de las mentiras en nuestro medio, no obstante su mutabilidad y velocidad para el cambio: Simples, Injuriosas y Calumniosas.

La ‘simple’, a pesar de los problemas que origina, no contiene elementos gravemente perturbadores. Podríamos asimilarla al concepto de ‘embuste’ y ‘engaño’, caracterizados por el incumplimiento de lo prometido y por hacer lo contrario de lo convenido.

Las ‘injuriosas’ y ‘calumniosas’, a las que tan aficionados son los samarios, son mentiras moralmente devastadoras, que originan daños inimaginables. Por los cuatro rincones de la ciudad, abundan conversaciones en las que ‘no queda títere con cabeza’: “Odín Vitola se voló anoche de Flamingos”; “Fulano es testaferro de Zutano”, “el doctor Mengano tiene orden de aseguramiento”, pero nadie proporciona prueba alguna o indicio de su aserto.

Es imperativo concluir que en Santa Marta las personas honradas somos aquellas que aún no hemos tenido la oportunidad de robar. Si nadie confía en nadie, tal situación afecta negativamente nuestra convivencia y obstaculiza de manera grave la comunicación que debe existir entre nosotros, en aras de que la ciudad salga adelante.

Los asesores de Hitler pusieron de moda el principio de que ‘una mentira repetida mil veces se convierte en irrefutable verdad’. En la hidalga ciudad de Bastidas basta decirla una vez, para que se riegue como pólvora, por cuenta de los chismosos contertulios del Parque de Bolívar, o por malintencionados periodistas, siempre muy lejos de la actividad investigativa.

No hay mentiritas ni mentirotas. En realidad, la mentira no tiene tamaño, no es medible, a pesar de que puede generar secuelas graves o leves. Las mujeres mienten descaradamente a los maridos, porque aprendieron de ellos. Los profesores mienten, y claro, mienten los alumnos. Mienten los dirigentes sindicales, y mienten escandalosamente los líderes comunitarios.

Los políticos y los responsables de la administración pública mienten vergonzosamente a sus dirigidos. Mienten los curas, los pastores y predicadores de todas las layas, ávidos de diezmos y prebendas, que cada día falsean y engañan a sus feligreses. Mienten las balanzas arregladas de los expendedores del mercado y los medidores de las estaciones de gasolina. Mienten los funcionarios encargados de la fe pública. Mienten los médicos deshumanizados, deshonestos y ladinos.

Mienten las mujeres que simulan epilépticos orgasmos. Mienten los poetas de hoy que comparan a la luna con un inmenso huevo frito. En Santa Marta… todo el mundo miente…Y si el cura se emborracha… ¿qué podemos esperar de los monaguillos? ¿Hasta cuándo la mentira será la reina de la ciudad?

Es necesario mantenernos alertas para distinguir las verdades y las mentiras de cada quien. Es una responsabilidad a la que no debemos renunciar. Al fin y al cabo, nunca podrán engañar a tánta gente durante tanto tiempo. Por ahora, hay mentirosos por todas partes, como ratas y cucarachas.






martes, 1 de abril de 2008

En defensa del clítoris


Luego de la muerte de una jovencita de 14 años, en un centro hospitalario del sur de Egipto, tras haberle sido practicada la llamada 'ablación del clítoris', o extirpación radical del pequeño y grandioso botoncito del placer, -para hablar entre nosotros- las autoridades de ese país han prohibido definitiva y terminantemente esta vieja y aberrante práctica.

Esta barbaridad histórica, -la ablación- eufemísticamente llamada también ‘circuncisión femenina’, es practicada aún en casi todo el mundo árabe, sin distingo entre musulmanes y cristianos. Frente a los múltiples e irresistibles reclamos políticos y de la sociedad civil, provenientes de todas partes del mundo, las autoridades religiosas egipcias han pasado de exigir la ablación como una obligación ineludible, a considerarla un pecado mortal.
Sin embargo, como si se tratase de una ‘gran cosa’, los egipcios se jactan de poseer las mejores técnicas quirúrgicas, practicadas en quirófanos en solo diez minutos, por el módico precio de siete euros. Con batas blancas y aparentes medidas higiénicas, los facultativos de la nación de la esfinge habían logrado rodear a esta horrenda mutilación, de un cierto halo de legitimidad científica.

Cabe anotar, que la ablación se practica también en los países de Occidente, donde habitan colonias de origen oriental. El caso es frecuentemente tocado en los muchos programas referidos a la actividad hospitalaria, que nos presenta la televisión estadounidense. Es fácil presumir que seguirá practicándose en la clandestinidad, por miles y miles de fanáticos, atragantados con El Corán, y realizada por inmundos matarifes armados de cuchillas de afeitar, sometiendo a púberes y adolescente a los riesgos inmediatos que esto implica, sin hablar de lo que significa para la sexualidad de la mujer en su edad adulta.
Siempre he creído que la ablación es un atentado terrorista contra ese fantástico y complejo tramado de terminaciones nerviosas, que por algo y para algo está ubicado en tan estrategico lugar. ¿A qué imbécil se le ocurre atentar contra ese delicioso altarcito de placer y de goce? Nada garantiza que en un pueblo tan diverso, y en algunos aspectos tan primitivo, no siga prevaleciendo esta tradición que espanta y horroriza a las conciencias civilizadas.

Pero sin duda es un gran paso dado por los musulmanes, que ya comienzan a condenar la amputación del clítoris. Se trata de un órgano sagrado que sólo pueblos muy ignorantes, repletos de confusos conceptos religiosos, pueden considerar pecaminoso. Esos pendejos, -definitivamente- no saben de lo que se están perdiendo….por ‘huevones’.
Por cierto: Al clítoris, la imaginación popular le llama ‘pirigallo’. Tendría que ser ‘perigallo’, nombre de la orgullosa cresta que luce el pavo. ¿Se parece o no se parece?... En algunos casos, creo que sí… y bastante… ¡Coño! ¡Que viva el clítoris!...

sábado, 29 de marzo de 2008

No importa el talento… lo que importa es la pinta


“Lo que si te pido hijita, es que te consigas un hombre bien parecido… que sea buen mozo… dame ese gusto hija mía… tú sabes cómo son mis comadres”. Pedidos de tal naturaleza se escuchan de labios de madres colombianas, cada día, por todos los rincones del país… No puedo asegurar si por otras latitudes ocurra lo mismo, aunque la cultura latina me hace presumirlo.

En una sociedad como la nuestra, injusta y desarticulada, se tiene la estúpida tendencia a minimizar las conductas erróneas de quienes son bien parecidos. Se cree que por su condición, la buena estrella debe acompañarles. Tal vez: Generalmente la policía no sospecha de los bien parecidos. En Colombia, a las personas les buscamos perecidos con los oficios o con las profesiones. Es común escuchar: ‘José Gregorio tiene cara de cabrón’… ‘Eduardo tiene pinta de estafador’. ‘Ese ‘man’ es marica, donde quiera que vaya’…y así…

La hija que no complace a su madre, llevándole un novio bien parecido, condena a su pobre vieja a escuchar de ahí en adelante, una frase mortificante y perniciosa: ‘Tranquila comadre… el muchacho es malucongo, pero quien quita que salga buena gente’, y por culpa del yerno feo, la vida se le convierte en un cipote martirio.

Quienes representan el Anti-Arquetipo, para lograr triunfar, tienen que ser seres excepcionales, con talento desbordante. Todavía hay quienes no entienden cómo es posible que Gabriel García Márquez escriba con la magia que le caracteriza, si ni siquiera es un hombre bien parecido.

El Anti-Arquetipo más famoso en la historia de América es Simón Bolívar. Los esfuerzos que todos los gobiernos han hecho para mejorar su aspecto físico, son evidentes en las estatuas encargadas en Francia, hechas a partir de modelos franceses, o en los retratos idealizados de la ‘Escuela Quiteña’.

El atractivo físico es un producto de la internacionalización de pautas culturales de belleza, que pueden variar según la cultura. Sin embargo, siempre han existido unas características generales que relacionan los atributos físicos con la capacidad reproductiva del sexo opuesto, por citar un ejemplo.

Así las mujeres son consideradas más atractivas cuando tienen atributos relacionados con la fertilidad y la juventud, y los hombre, características de dominancia, fuerza, y alto status social.

De igual forma, las personas atractivas son consideradas más persuasivas, con más factibilidad de ser elegidas como parejas, con más habilidades sociales, más exitosas, son percibidas como competentes, producen mejores impresiones y se les cree menos propensas a desarrollar enfermedades. Y entonces, ¿que pasa con nosotros los malucos?… ¿Tendremos alguna oportunidad?… ¿Qué dirá mi compadre ‘Cara’echoque’…?

viernes, 28 de marzo de 2008

El estúpido propósito de las madres alcahuetas


Es lamentable, por decir lo menos, que gran parte de nuestra sociedad se empeñe en consumir modelos y productos provenientes de otros lares sin ninguna clase de reflexión o cuestionamiento, quizá porque imitar el comportamiento de la mayoría, es más fácil que adoptar conductas propias.

Basta con mirar en nuestro derredor, especialmente en los niveles de clase media y media-alta, para que surjan preguntas como las siguientes: ¿Para qué estamos educando a nuestras niñas? ¿Las educamos para que mañana sean princesas del jet-set? ¿Las educamos para futuras ‘prepagos’? ¿O las educamos para que sean enanas mentales y superfluas amantes de obesos ejecutivos?

Así parece… Por lo menos en buena parte de los sectores sociales mencionados, dada la insólita y aberrante insistencia con que se estimula la vanidad y la coquetería de nuestras niñas, escamoteándoles de paso, su participación en la realidad.

A la dulce nena se le permite que sea una maniática consumidora de basura impresa y de todo lo que, madre e hija, crean que representa la moda. La chiquilla se mira al espejo con la frecuencia y el histerismo de la madrastra de ‘Blanca Nieves’, y se vuelve una experta en cosmetología y publicidad.

Le insuflan manías e intereses de adultos. La matriculan en la trivialidad. Por eso es experta en la maledicencia y el chisme en todos sus niveles. Para colmo de males, nunca falta una tía que ponga en sus manos un ejemplar de “Cómo ser bella y coqueta”… ¡Qué lástima! A la mayoría de niñas de hoy, se le educa para el ocio, la servidumbre y la trivialidad.

La permeable chiquilla termina la primaria entre espejitos, telenovelas y chismografía. Mientras modelan a la pequeña odalisca remilgada, el tiempo pasa, termina la pubertad y llega la adolescencia, con muestras indiscutibles de sus intensos y desaforados instintos sexuales, al tiempo que los informes académicos retratan su pobre capacidad intelectual.

Entonces, la culpa de la evidente torpeza de la niña, la tiene la televisión. “Es que la nena ve mucha televisión”. ¡A buena hora!. Durante años, los ‘papis’, por comodidad, convirtieron a la televisión en institutriz de la pequeña, soñando con verla desfilar en las más famosas pasarelas del mundo, o como exitosa presentadora. Pero ya es tarde. Olvidan que la mediocridad dominante en el medio, origina la fabricación en serie de jovencitas desorientadas e insoportables… fatuas y ociosas… (¡Qué rico verte!… Te llamo luego, ¿bueno?...)

Desde los primeros años, a la niña no le conceden más opciones. Es inducida a la frivolidad y la dependencia, impidiéndole otra conducta y negándole la posibilidad de alimentar distintos intereses.

Es imperativa una infortunada conclusión: Los padres, -especialmente las madres alcahuetas- no permiten que sus hijas formen libre y adecuadamente su personalidad. Las instigan a practicar un desenfrenado culto a la apariencia, a la belleza física, desdeñando sus naturales y diversas facultades. Duele, pero hay que decirlo con sinceridad: Las están educando para inmorales cortesanas de un mundo en liquidación. Y eso al final de cuentas, es corrupción de menores.

miércoles, 26 de marzo de 2008

No crea lo contrario: Los políticos necesitan de los periodistas…

Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’
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Al examinar las relaciones entre políticos y periodistas, se distinguen dos factores relacionados con el aspecto comunicacional, comunes a unos y a otros. Por un lado, el periodismo es una actividad mediadora indispensable para el político, sin la que no podría realizar eficazmente sus cometidos. Y por otra parte, el lenguaje periodístico actúa como metalenguaje con relación al lenguaje político.

En una parroquia como Santa Marta, es frecuente que el político mire al periodista ‘por encima del hombro’. Y en más de una ocasión, adoptando una pose de salvavidas, le suelta al paciente profesional de los medios, la más mortificante e indigna de las expresiones: ‘Vamos a darte una cuñita por un mes… para ayudarte’… ¡Qué irrespeto!... Veamos quien ayuda a quien.

La mediación periodística

En el desempeño de su actividad, la mayoría de las veces el político no se dirige directamente a los ciudadanos, sino a través de la mediación periodística. Es una evidente secuela de la arrolladora penetración del medio televisivo.

En efecto, la televisión ha contribuido a modificar las estrategias electorales. Las campañas ya no se efectúan ‘cara a cara’, en las plazas públicas, y las actividades políticas se organizan teniendo en cuenta los horarios de televisión, a fin de facilitar el cubrimiento y la difusión adecuada del acontecimiento, al punto de que si no tienen televisión en vivo y en directo, prefieren aplazar debates o cualquier otra actividad.

Es claro: Los políticos de todas las layas, han encontrado en la televisión, el medio más eficaz para asegurar que sus programas y consignas lleguen al mayor número de ciudadanos con un mínimo costo, esfuerzo y máxima celeridad.

Lo anterior ha contribuido a que la función social del periodista se haya revalorizado en las sociedades democráticas, comenzando a formar una nueva clase, un sólido gremio, al que debe reconocerse como configurador de la conciencia colectiva. Los periodistas son creadores de ideas, normas y valores socales, desplazando de esta función a grupos institucionales que la habían ejercido tradicionalmente, como la Iglesia, la Universidad, los científicos y la clase intelectual.

La actual fragilidad de los sectores mencionados, sumada al vertiginoso desarrollo tecnológico de los medios de comunicación social, ha dejado el camino expedito a la comprobación de esa pragmática realidad, que muestra la influencia de la información en el debate social, en general, y en el político, en particular.

Es evidente el tránsito de una democracia de persuasión directa, en que el político movilizaba a sus electores mediante actos públicos, a la democracia de comunicación indirecta. Así, el dirigente político necesita a los medios, se sirve de ellos para comunicase con sus potenciales electores y persuadirles de las ventajas y la conveniencia de su programa ideológico.

Resumiendo: El político requiere del periodista para llegar más eficazmente a su público elector, y como consecuencia de ese condicionamiento, el periodista es cada día más importante para el político, hasta el punto de que determinada adhesión, puede llegar a convertirse en un objetivo político prioritario.

Por estas y por muchas más razones que no exponemos para no cansar a nuestros lectores, es inexplicable que algunos periodistas, escasos de dignidad, se conviertan en simples ‘correveidiles’ de vergonzosos politiqueros.

domingo, 23 de marzo de 2008

El encanto insospechado de las reglas ortográficas

Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’


Después de las mujeres, la ortografía es lo más fascinante y misterioso que conozco. Escribir de manera correcta es desafiar a un complicado sistema de reglas e intrincados parámetros; a todo un conjunto engorroso de normas y disposiciones, que a muchos ha hecho desistir de la frenética intención de transitar por los senderos de la literatura y el periodismo.

Lo cierto es que no ceñirnos a la complicada normatividad ortográfica puede ocasionarnos muchos sinsabores, incluso convertirnos en presa fácil del sarcasmo y el escarnio público. Primero, los maestros y profesores; luego, nuestros sabihondos condiscípulos. Después, los padres y los hermanos. Finalmente, compañeros de oficina… y quienes decidieron ser periodistas, tendrán que aceptar la ‘murga’ de los jefes de redacción: ‘Oye… no es bida… es vida’…

Es más: Hoy constituyen motivo de investigación las horrendas secuelas y los efectos discriminatorios y sicológicos derivados del desconocimiento de la Ortografía, o de su mal uso… que es la misma vaina.

Si pudiésemos escribir como nos diere la gana, las aberraciones ortográficas conformarían sobre el papel una especie de liberación, una manera efectiva de reencontrarnos con el pasado, donde la escritura era un signo sobre la piedra; donde las palabras eran sólo pictogramas. Es decir, la palabra no era más que un relato gráfico de la vida cotidiana, de los mitos y de las creencias espirituales.

Trazar signos abstractos bajo el dictado de los sentidos, del cuerpo y la pasión, sin la presión de leyes gramaticales, permite a quien escribe con errores, escapar de la neurosis obsesiva en la que se convierten las faltas ortográficas.

Llenar solicitudes de empleos, escribir informes, redactar una carta, hacer una petición o escribir un correo electrónico, es para muchos una enorme mortificación. Los invaden las dudas y las preocupaciones por la posible incorrección de los textos.

Escribir según las reglas ortográficas posee un insospechado encanto. Si queremos hacerlo con alto grado de eficiencia, debemos recurrir a la lectura y desarrollar el ingenio para no cometer faltas protuberantes. Las palabras tienen su magia particular. Sus significados y su académica ortografía, deben ser nuestra permanente preocupación.

La envidia: ‘Mejor despertarla que sentirla’



Se ha dicho que la envidia es tan antigua como el hombre y uno de los más protuberantes defectos de la humanidad, sobre todo al tornarse destructiva. Para algunos, la envidia forma parte de los instintos naturales, como el amor, los celos o la agresividad.



Para otros la envidia es un fenómeno adquirido en el contexto social. Viene a ser la cara oculta de la competitividad y constituye una de los móviles que desde las hordas primitivas, indujo a los hombres a disputarse el prestigio y el poder, motivados por la idea de triunfar a ‘cualquier precio’, en el seno de la colectividad donde nadie está conforme con ser menos que otro.

Tal vez por eso, en la historia de la humanidad, la enemistad entre hermanos sea tan frecuente. En la Biblia por ejemplo, la envidia está representada en la disputa entre Caín y Abel, un hecho que desde entonces ha servido para designar las intenciones de personas envidiosas o crueles.

Otro caso es el encontrado en el mito de la fundación de Roma, en el que Rómulo, impulsado por la ciega ambición y la envidia, mata a Remo, su hermano mellizo. En la América precolombina, en el Imperio Inca, se recuerda la muerte de Huáscar, a manos de su hermano Atahuallpa, con absoluta crueldad, para acceder al trono.



La envidia, como el amor y los celos, es también tema central en la literatura clásica, en las fábulas de Esopo, Samaniego y La Fontaine, cuyas moralejas permiten comprender mejor las causas de este mal y sus funestas consecuencias.

Así mismo, en los cuentos de hadas, que tienen su origen en la tradición oral y la memoria colectiva, encontramos personajes revestidos con el manto de la envidia, unas veces como simples alegorías y otras como lecciones ejemplarizantes.



El famoso reportaje del padre del nadaísmo Gonzalo Arango, a Martín ‘Cochise’ Rodríguez, contiene una frase inmortal del ciclista paisa: “En Colombia muere más gente de envidia que de cáncer”.

Los envidiosos, para procurar la caída de su rival, difaman, insultan, calumnian, acusan, y lo que es peor, al quedar sin argumentos, convierten la mentira en verdad y la verdad en basura. Los envidiosos viven “a Dios rogando y con el mazo dando.” Tienen un denominador común: Suelen ejercitar la maledicencia y el gusto por encontrar defectos en quienes les han superado. En todos los gremios hay envidiosos. No en balde reza el dicho: ¿Quién es tu enemigo? El de tu mismo arte…



La envidia es un arma miserable que puede ocasionar infinito daño. Esto refiere la fábula “El sapo y la luciérnaga”: “Cierta noche, una luciérnaga revoloteaba en un huerto, donde un envidioso sapo le lanzó un escupitajo venenoso. La luciérnaga cayó, pero antes de morir le preguntó: Por qué lo hiciste. Porque brillas”, contestó el malparido sapo.

martes, 18 de marzo de 2008

El uso de las abreviaturas dobles


Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’

En el caso de la escritura de las llamadas ‘abreviaturas dobles’, no existe una doctrina clara, ni siquiera de parte de la Real Academia de la Lengua. Es frecuente que los medios de comunicación abrevien nombres propios de entidades como Fuerzas Armadas, Estados Unidos, Juegos Olímpicos, Relaciones Públicas…

Por lo antes reseñado, cada publicación lo hace como a bien lo tenga. Sin embargo, los expertos han trazado algunas reglas, cuya aplicación resulta conveniente cada vez que se usen estas abreviaturas convencionales, de nombres propios compuestos de dos palabras:

a) Se emplea sólo la inicial de cada una de las palabras (Fuerzas Armadas),
b) Se duplica para indicar el plural correspondiente,
c) Se debe utilizar el punto indicativo de abreviatura después de la duplicación.
d) Es necesario dejar un espacio en blanco después de cada uno de los componentes, como habría que dejarlo si cada palabra se hubiere escrito completa.
Así: FF. AA.

No obstante la aceptación más o menos generalizada de los principios expuestos, algunos medios y periodistas, suelen eliminar el espacio intermedio: FF.AA. Otros escriben, sistemáticamente, FF AA. Y unos terceros, utilizan con frecuencia, FFAA. Como puede verse, el factor común es la duplicación de la inicial como indicativo de plural.

Resulta un tanto inexplicable que los periódicos hayan complicado el tema, proponiendo y usando diversas alternativas para la expresión de la abreviatura señalada, porque con ello fragmentan la deseable unidad gráfica de la lengua. Como es obvio, tal disparidad de criterios ocasiona desconcierto en el usuario.

Sin embargo vale reconocer, que en general, nuestros periódicos se preocupan por el buen uso del lenguaje y el empleo adecuado de la ortografía. Consultan con filólogos, contratan asesores lingüísticos y correctores, elaboran libros normativos de estilo para sus redactores y colaboradores, y admiten y publican las quejas que sus lectores les hacen llegar, en tal materia.

Más allá de la falta de una norma clara y contundente al respecto, en casos como el tratado, intentemos seleccionar la mejor opción.

domingo, 16 de marzo de 2008

¿Escritor periodista o periodista escritor?

Semillero de periodistas ‘Álvaro Cepeda Samudio’

El tema planteado en el título siempre ha generado controversia. En mi sentir, ¿qué importa la nomenclatura y el orden?... Hagamos algunas reflexiones desde el irresistible encanto de la subjetividad.

Todo el que escribe es, potencialmente, un escritor. Por tanto, lo que escribe, es potencialmente, un texto literario. Pero los escenarios y los formatos varían: el periódico, la revista, la novela… Todos los hechos, de la vida y de la muerte, pueden ser materia de periodismo narrativo. La diferencia estriba en que el periodismo opera con verdades generales, y la literatura, en cambio, trabaja con la propia y personal verdad del escritor.

De acuerdo con el reconocido escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, “el periodismo narrativo busca producir un proceso de identificación entre el lector y la noticia que se está contando”.

En efecto, mis queridos amigos y lectores, compañeros del Semillero, no es lo mismo escribir de manera simple y lacónica “Ayer murieron cien personas en maremoto en Taganga…”, y seguir con un relato indolente de los sucesos, que escribir, verbigracia: “Mientras José Alejandro Barros, de cinco años, jugaba con una pelota en la playa de Taganga, una ola gigante se le vino encima, matándolo junto a otras cien personas, que se divertían en las blancas arenas del paradisíaco lugar”… Entonces… ¿Literatura o periodismo?...

Siempre que se hable de este tema, es imprescindible referirnos a Truman Capote, inexplicablemente desconocido por las nuevas generaciones de periodistas, ignorando su aporte monumental en la creación del Nuevo Periodismo. “A sangre fría”, una de sus obras más conocidas, llevada al cine, es realmente un excelente reportaje sobre trágico sucesos ocurridos en Holcomb, un pueblo perdido en la extensa geografía estadounidense, al oeste de Kansas. Incluso, su primera publicación fue por capítulos, aparecidos en el diario para el que laboraba el célebre homosexual.

La doble militancia en periodismo y literatura, ha sido una práctica frecuente. Citemos, desordenadamente, a Jorge Luís Borges, José Donoso, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Ernest Hemingway, Fernando Vallejo, entre otros.

El punto de encuentro más claro y atractivo entre periodismo y literatura, es la Crónica. Sin embargo, en el periodismo local es un género poco usado, no obstante que en el plano nacional se nota un resurgimiento de tan importante alternativa. La Crónica le permite al periodista servirse de la literatura para describir los hechos de la vida real. En tales casos, ¿literatura o periodismo?

Digamos, en gracia de discusión, que el periodismo es ‘la gran fiesta’ y el periodismo es ‘el polo a tierra’. De manera inconcebible, el gran maestro español Miguel de Unamuno se atrevió a sentenciar que ‘el periodismo mata la literatura’. Por supuesto, al conocer tal opinión, le retiré mis afectos. Me limito a decir que cualquier oficio puede morir si uno lo deja morir.

Al final se me ocurre que los periodistas deberían imitar, en cierta forma, la vanidosa actitud de los escritores, pero de forma digna y ejemplar, para que nuestra ligereza no provoque más la malsana ironía de humoristas como George de la Fourchadiére, que lustros atrás, se atrevió a escribir: “En el mundo hay dos actividades que no requieren preparación alguna: la actividad de los banqueros, que juegan con el dinero de los demás, y la actividad de los periodistas, que juegan con la honra de sus conciudadanos”… ¿Qué tal esa, viejo Hugo?

domingo, 9 de marzo de 2008

“Bueno el cilantro… pero no tanto”…

Semillero de periodistas "Álvaro Cepeda Samudio"
Con el argumento de que “la lengua es del pueblo y es callejera", el director de la Real Academia Española, Víctor García De la Concha, ha justificado que tan respetable entidad, comience a estudiar la elaboración de una tabla de abreviaturas para los mensajes de texto enviados por celular. El popular sistema es conocido como SMS (iniciales en inglés de ‘Servicios de Mensajes Cortos’).

El nombrado director de la Real Academia Española (RAE) explicó que se trata de dar respuesta a todas las personas que escriben en Internet o que utilizan los mensajes de los teléfonos móviles.

En mi particular sentir, si algo me molesta del ‘chat’ y de los mensajes de texto, es precisamente el insólito vocabulario creado por una catajarria de hiperbólicos perezosos, que cada día utilizan un léxico más abreviado e impensable. Pero vale reconocer que los tales mensajes de texto constituyen uno de los servicios más exitosos de la telefonía móvil. .. a pesar de todo.

El éxito es tal, que ya existen sitios web especializados en recopilar las impotables abreviaturas, a fin de introducir la mayor cantidad de información en los 160 caracteres que, usualmente, permite el celular. Transcribo algunos ejemplos del novedoso lenguaje, suministrados por mi amiga Diana Marcela Solera, orgullosa representante de una nueva y prometedora generación de periodistas en esta ciudad, y por supuesto, especialista en el tema:

k: que b: beso
ggg: risas h: hola
a+ : además a2: adiós
b7s: besitos salu2: saludos
m…: interesante t8d-: te echo de menos
TQPSA: te quiero pero se acabó
TQITPP: te quiero y te pido perdón
QT1BD: que tengas un buen día

jueves, 6 de marzo de 2008

¿Qué tan honorables son los ‘honorables’ concejales?

El más remoto origen de los actuales concejos municipales lo encontramos en el Imperio Romano, donde existía una entidad que tenía por objeto el cuidado y embellecimiento de las calles y monumentos públicos. Sus integrantes, llamados ediles, ejercían ad honorem. Era, por tanto, una institución de carácter cívico.

En el caso nuestro, los Concejos Municipales instituidos en el ordenamiento colombiano con rango constitucional, tienen su origen en los Ayuntamientos Españoles que fueron trasplantados a las numerosas colonias hispanoamericanas de la época.Luego de varios intentos por establecer y aclarar las reales funciones de los Concejos, sólo hasta 1886 se determinó que en cada Distrito habría una corporación popular llamada Concejo Municipal y fueron señaladas sus atribuciones.

La reforma de 1968 definió a los concejos como “Corporaciones administrativas de elección popular” y limitó el número de sus integrantes a un mínimo de 6 y un máximo de 20. Nuestra actual ‘Carta Magna’, de 1991, amplió el número de sus integrantes.

El Concejo es el ente coadministrador de la ciudad, por lo que participa en casi todas las grandes decisiones políticas y administrativas. Verbigracia, aprueba el plan de inversiones, presupuestos de rentas y gastos y los distintos proyectos que el ejecutivo municipal tenga a bien presentar, además de las iniciativas propias de los mismos concejales.

Tiene también otras importantes facultades: Es el encargado de autorizar al alcalde para la celebración de contratos y determinar la estructura de la administración, necesaria para el control, preservación y defensa del patrimonio económico y cultural del Distrito. Así mismo, elegir Personero y Contralor distritales.

Es claro entonces, que todas las decisiones tomadas en la ciudad son debatidas, modificadas, reguladas y votadas en el Concejo Municipal. No es descabellado plantear, que el Concejo es el ‘Congreso de la ciudad’. Por todo ello, los concejales son, - en teoría- los primeros y más autorizados representantes de la comunidad. Es una verdadera lástima, que a la hora de elegirlos, no se tengan en cuenta factores como trayectoria, gestión comunitaria, conductas pública y personal, y menos el importante tema de la honestidad comprobada y evidente.

Existe un concepto unánime en torno al hecho de que hace mucho tiempo Santa Marta no tiene un buen Concejo. Habrá tenido, esporádicamente, miembros excepcionales, pero se trata de tener un ente con objetivos comunes. Al fin y al cabo, “una golondrina no hace verano”.

Los concejales han creído, históricamente, que su papel consiste en actuar como intermediarios de favores, en la búsqueda permanente de prerrogativas para favorecer intereses particulares, y por supuesto, los propios. Todo el mundo lo sabe. Y ellos más que nadie. Tanto, que alguna vez, en algún lugar de Colombia, en un acto sublime de sinceridad, un ilustre concejal expresó con vehemencia: “Nos eligen… pero no nos quieren…”

Pero hay algo realmente mortificante. ¿Dónde, cuándo y por qué nació el trato formal de ‘honorables’ para quienes muchas veces no son más que saqueadores de los dineros públicos y cínicos estafadores de la confianza ciudadana?... No podría decir ahora que todos son malos, pero tampoco puedo decir cuáles son los buenos…

Viéndoles reunidos, tratándose de ‘honorables’ entre ellos, en un ridículo y frecuente espectáculo de elogios mutuos, es imperativo recordar una función circense, con la fervorosa complacencia de las amañadas barras y hasta de un silente y cómplice periodismo, -con valerosas excepciones- que nunca o casi nunca, se atreve a cuestionar a la vergonzosa yunta formada por administraciones y concejos distritales.

Desconozco el procedimiento, pero… ¿Habrá un concejal honesto, sensato y realista, que mediante proyecto intente terminar con el desesperante e hiperbólico tratamiento de ‘honorables’ para los miembros de la más importante corporación pública dentro de un régimen democrático?... ¿Podrán los distinguidos periodistas encargados del cubrimiento de la actividad administrativa local, suspender dicho formalismo, por inmerecido y exagerado? Dejar de llamarles ‘honorables’, es un real acto de honorabilidad, señores comunicadores…

Entre otras cosas, como en Colombia hay un día para todos los gremios y actividades… ¿cuál es el día del concejal?... Si todavía no se ha establecido, escuchemos esta propuesta de un satírico poeta español:

Hay quien lo pide, aunque siembre
sin pretensión de cosecha
proponiendo como fecha
el 28 de diciembre.
Fecha notoria, ideal
que define al concejal
Fecha que hallo consecuente
porque no hay ni un concejal
que no se diga inocente
cuando el concejo va mal…

Y por si acaso, como dicen en mi pueblo, “tapón de hierro cola’o”…

martes, 4 de marzo de 2008

El vacío ético de nuestra sociedad

Uno de los caminos para abordar el conocimiento de una sociedad en conflicto como la nuestra, es ocuparse de algunas relaciones inherentes al niño y su violencia circundante, no sólo pensando en las secuelas que puede dejar en ellos, sin también porque lo ocurrido con los niños en una sociedad, es un buen indicador de lo que pasa en la sociedad misma.

Acercarse al problema implica varios aspectos: Se presenta como un asunto que conmueve, que supone una postura en dirección del bienestar del niño, y por ende, del bienestar del hombre. Otra consideración es que los hechos traumáticos, -por llamarlos de alguna manera- suceden con mucha rapidez. La ‘sin razón’ siempre camina con mayor prisa que la razón.

La falta de análisis del problema de la niñez que deambula por las calles, -por diversas razones- conduce a los lugares comunes, a las explicaciones facilistas, y en consecuencia, aparecen estereotipadas alternativas de solución, alejadas de la realidad, que pretenden controlar o apenas transformar lo establecido.

Hay un hecho indiscutible y desafortunado: En todas las épocas y en diferentes sociedades, ha existido un trato injusto para los niños. Así lo demuestra el fenómeno de los niños deportados durante la Segunda Guerra Mundial, y la masacre de niños ordenada por el emperador Bocassa, para sólo citar dos ejemplos.

En el particular caso colombiano, valdría la pena revisar qué modelos estamos proponiendo al niño. Lo cierto es que la expresión más contundente del vacío ético de nuestra nación, radica en que la sociedad está generando un ambiente de destrucción intencional de las personas, impidiendo que germinen, crezcan y se expandan principios éticos, valores morales y condiciones materiales, a fin de que la vida con dignidad sea posible para todos.

sábado, 23 de febrero de 2008

Porfa… ¿Me regala su telefono?

Semillero de periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

Otra vez a Diana “La cazadora” y al “Santo Chavista”

En nuestro país, el lenguaje materno ha perdido calidad en los últimos años. Creo que en gran parte se debe al poco interés que se le asigna en los currículos oficiales, lo mismo que a las normas ortográficas, para no referirnos a materias como la urbanidad y la cívica, que junto con el estudio de la lengua, constituyen la identidad nacional.

En opinión del académico Luís Duque Gómez, “el lenguaje es vehiculo cambiante de la expresión social y cultural de los pueblos.” Ello significa que debe estar en permanente evolución.

Sin embargo, quienes otrora hablábamos el mejor español de América, hemos permitido la escandalosa intromisión de un “léxico basura” incomprensible, imperdonable, que se fortalece día a día, con la sorprendente anuencia de los medios de comunicación social, obligados, paradójicamente, a velar por el buen uso del lenguaje.

La contradicción aludida, origina mi respetuoso reclamo a periodistas, comunicadores, publicista y profesionales afines, que parecen empeñados en acabar con nuestro idioma.

Es frecuente que las despampanantes ‘chicas de la prensa’ utilicen expresiones como “me regala su teléfono”, “me regala su dirección”, “me regala un minuto”, “le robo una llamada”, “le robo su esfero”… A su vez, una patética manada de vergonzosos locutores, pide con particular estridencia a las empleadas del servicio que les llama, “mamita, dime que estás cocinando y regálame tu nombre”. ¡Qué maravilla!

Si nos atenemos a esa singular manera de expresarnos, no somos más que una asquerosa catajarria de “pedigüeños” y “ladrones de siete suelas”. ¡Qué fea costumbre tan entronizada en el lenguaje cotidiano de comunicadores y funcionarios de toda índole!...

Pero el asunto no para ahí. Los comunicadores han adoptado expresiones sacadas de los lamentables boletines de prensa de algunas entidades, que insólitamente, resuelven todo con la simple adición de sufijos y prefijos a palabras ya conocidas: “desenergizar”, “repensar”, “concretizar”… Por la vía del facilismo, se obstinan en usar dos palabras separadas por un guión, para sugerir ideas de precisión: Didacto-pedagógico; pragmato-tecnocrático… ¿A quién pretenden impresionar?

Los redactores de noticias de policía, cambian los artículos por los posesivos: “El victimario le propinó dos balazos a su víctima, que le ingresaron uno en su pierna derecha, y otro en su cuello”… ¡Qué barbaridad! Es como si el paciente le dijera al odontólogo: “Vengo a sacarme mi muela”, y el doctor le responde: “Siéntese y abra su boca”…

En fin… esta columna resultaría insuficiente para reseñar el alud de errores imperdonables cometidos en el periodismo actual. En razón de lo anterior, la redacción de noticias y comentarios, saturada de tecnicismos e inadecuadas expresiones derivadas del pobre léxico burocrático y del ridículo lenguaje politiquero, dificulta la interpretación correcta del discurrir noticioso, en virtud de los diferentes niveles de escolaridad representados en el público lector o en la audiencia radial o televisiva.
Las siguientes perlitas son una pequeña muestra de la tóxica incidencia planteada: posicionamiento, sobredimensionamiento, valoración positiva, al interior, parámetro; contexto, tema, implementación, paradigma, modelo de financiación autonómica, techo presupuestal, desarrollo sostenible, proyectos productivos, priorizaciones, situación coyuntural… et sic de coeteris.

Este nuevo vocabulario,- por llamarlo de alguna manera- no describe nada, no dice nada… Sólo es útil para descrestar incautos. Aún admitiendo que nuestro idioma evoluciona como organismo vivo que es, y que las nuevas realidades de la vida requieren nuevos nombres, nuevos adjetivos y nuevos verbos, no es menos cierto que tales expresiones y vocablos deberíamos buscarlas en otras instancias, y nó en el enmarañado lenguaje de los políticos, o en el horroroso vocabulario de los tecnócratas.

Ustedes, señores periodistas, son dueños del poder de la palabra… Es imprescindible utilizarlo de manera correcta y eficaz.

jueves, 7 de febrero de 2008

El ‘meimportaculismo’: Una vergonzosa manera de vivir

Basta una ligera reflexión para concluir que en gran medida, la causa de casi todos nuestros problemas sociales, económicos, laborales, administrativos o personales, estriba en el llamado ‘meimportaculismo’, una cómoda actitud ante los problemas y dificultades que debemos enfrentar en el diario discurrir de la vida.

Haga la prueba. Si a usted llega la información veraz y contundente de que a su compadre del alma le están pegando cacho, por obvias razones de compadrazgo y lealtad, y luego de una seria reflexión, comuníqueselo. ¿Sabe que le responderá su compadre?... ‘Me importa un culo… Esa malparida es coya’. Y claro, usted queda como ‘chancleta vieja’, como una ‘hueva inflamada’…

Si usted, un honesto empleado, de cristalina conducta, se entera de la comisión de delitos en su empresa, con la mejor intención acude al superior jerárquico para enterarlo de los torcidos hechos, ¿sabe qué le dirá el perfumado ejecutivo?: ‘Me importa un culo… cógela suave… ¿Sabes qué loco?…Yo no voy a meterme en problemas’…

Dejar pasar… dejar pasar… que los problemas se arreglen solos… esa parece ser la consigna. Si por ejemplo, usted denuncia la existencia de un pequeño pero incómodo y dañino hueco en las calles de su barrio, a los funcionarios a quienes corresponde su arreglo, ‘les importa un culo’. Ni se mosquean los malparidos, hasta cuando el huequito adquiere características de cráter, originando lamentables accidentes con víctimas fatales incluidas. Y todo por el ‘meimportaculismo’, la más fresca, cínica, nociva y perniciosa actitud de burócratas y ganasueldos.

Si de buena fe, usted le advierte a un amigo que ha notado sospechosos comportamientos femeninos en su hijo varón, es probable que le responda con detestable indolencia: ‘Me importa un culo… Si la mujer mía tiene un hermano marica… ese hijueputa no lo recoge del suelo’…

¿Qué hacemos? El ‘meimportaculismo’ está de moda, y cada vez adquiere más fuerza en todos los niveles, sectores y espacios de nuestra sociedad. Su mayor arraigo y predominio se encuentra en las Honorable Corporaciones Públicas, cuyos miembros parecen elegidos por su notable incapacidad, más que por su vocación de servicio y aptitudes para el trabajo político y social. Y todo porque a los electores ‘les importa un culo’ quienes sean sus voceros y representantes.

Al samario todo ‘le importa un culo’. Es una posición histórica y humillante. Por eso, a Santa Marta se le mira con una óptica lastimera en el concierto político nacional. Nos ‘pordebajean’ de manera inclemente y descarada. Los altos funcionarios cachacos que por aquí llegan, con los cachetes colorados y ridículamente embutidos en guayaberas de San Andresito, saben que nos contentamos con poco… y siempre nos ofrecen migajas que acogémos con alborozo, como si se tratase de auténtica ambrosía… ¡Coño! ¡Qué vergüenza!… A los samarios todo les importa un culo.
Nos haríamos interminables señalando casos de evidente ‘meimportaculismo’. Lo cierto es que la cómoda actitud, es absolutamente contagiosa. De allí que por estos días, una ráfaga descomunal y vertiginosa de ‘meimportaculismo’ se pasea victoriosa por todos los recovecos de esta hermosa ciudad, por tradición, sin dolientes ni plañideras.

Y después de todo… ¿Para qué pierdo el tiempo escribiendo sobre esta vaina si a nadie ‘le importa un culo’?...

lunes, 4 de febrero de 2008

Por la publicación de un libro… “hay gente corriendo bases”…

He recibido con enorme satisfacción los originales del libro “Historia de la mariconería en el Magdalena”, de la autoría del maestro Aníbal Ceballos Camargo, a punto de ver la luz pública.

La prosa fluida, aunque a veces barroca del connotado historiador y periodista, lleva al lector por un irreverente y entretenido viaje por los vericuetos del homosexualismo en la ciudad y el Departamento. Entrega datos de evidente fidelidad y se empeña en la denuncia de docenas de personajes públicos que durante muchos años han permanecido en el closet.

Con su característico humor negro, Aníbal ‘tira al ruedo’ a políticos, ejecutivos y periodistas, que aún no se atreven a publicar sus tendencias sexuales, a quienes el autor insta a hacerlo con razonables argumentos y con la descripción de situaciones ejemplares.

Es un trabajo bien documentado, que contiene además una protesta de orden semántico, por la injustificable e insoportable costumbre actual de llamar gays a los maricas, cambiando el sonoro y atractivo vocablo por uno simplón y extranjero. Es posible que antes de su aparición divulguemos algunos apartes en este blog.

Sorprende la inclusión de algunos nombres de quienes no se había sospechado, pero las pruebas aportadas por Aníbal son contundentes… categóricas, dignas de creer. Es fácil presumir el éxito editorial de tan importante trabajo periodístico y literario, por las importantes revelaciones que contiene. Frente a su inminente divulgación, hay gente ‘pagando escondederos’ a cualquier precio. Sin duda, el escándalo será mayor que el propiciado por la publicación de ‘Las prepago’. Como expresé, tengo los originales, y claro… también la disposición de enviar algunos capítulos a quienes lo soliciten. Al fin y al cabo, como dicen en Plato, “yo no soy escaparate de nadie”.

Por cierto, Aníbal anuncia desde ya la impresión de otra investigación titulada “El baile de la pluma. Origen, desarrollo y practicantes históricos”, con la asesoría del sociólogo Tony Alberto De la Cruz. A no dudarlo, será también controversial…