miércoles, 21 de mayo de 2008

La televisión: Creadora de una lánguida ‘sociedad solitaria’…


Semillero de Periodistas “Álvaro Cepeda Samudio”

Algunos temas se vuelven repetitivos en el tratamiento periodístico. Uno de ellos es el bajo nivel de lectura de los colombianos, especialmente, en el sector juvenil. Pero en nuestro sentir, no señalan al principal responsable de la vergonzosa circunstancia: ‘La televisión’.

La ‘caja mágica’ o ‘caja boba’, es la primera escuela del niño. Es una escuela divertida, sin castigos, sin tareas, en contraste con la aburrida escuela de las clases diarias. A esta escuela inicial, el infante dedica horas y horas, incluso antes de aprender a leer y a escribir.

Miles de padres abandonan a sus hijos frente al televisor, otorgándole a la ‘cajita endiablada’, -como también la llaman algunos teóricos de la comunicación- las funciones de niñera. De esta manera, la televisión condiciona, ‘educa’, aconseja, forma y define los rasgos espirituales, morales y sociales del ‘pequeño angelito’.

Es frecuente escuchar de algunos padres, exclamaciones de orgullo, porque su hijo, de sólo tres años, ‘es tan inteligente que habla como grande’. Este aparente motivo de exaltación, en realidad, debería ser causa de alarma: Algo no anda bien…

El niño es una esponja que absorbe todo lo que muestra la parafernálica televisión. De modo que la abrumadora cantidad de disímiles programas, -comics, telenovelas, videos musicales de contenido violento y/o sexual- o la variedad de ofertas que encuentra en la televisión por cable, introduce en el niño un lenguaje y un comportamiento que lo alejan rápidamente de su naturaleza infantil. Por eso ‘habla como grande’… Pero tal condición no lo hace más inteligente…

Ahora que la silla de ruedas está a punto de volverme teleadicto, en mi sentir, el gran peligro de la televisión, radica en que la tal cajita nos vuelve esclavos de la apreciación de imágenes, de manera que reduce y empobrece notablemente la capacidad de comprensión de lectura. Es la incontrovertible primacía de la imagen sobre el texto.

Así las cosas, la televisión no obliga al niño a pensar; sólo tiene que dejarse llevar por llamativas y truculentas imágenes que estimulan sensaciones, mientras su cerebro permanece ocioso. El funesto resultado de la situación descrita, es la ostensible incapacidad del niño para la comprensión del más elemental de los textos.

No es descabellado afirmar, que la televisión, en su lamentable papel de niñera, está formando personas aisladas, solitarias, pasivas e indiferentes. Los niños de hoy, control en mano, acostumbran a recorrer los canales del televisor que los ‘papis’ dejan a su completa disposición. Por supuesto, habituado a tal variedad, ese niño no podrá concentrarse unos minutos en la misma página de un libro cualquiera. Y por ahora, los libros vienen sin control remoto…

De forma que la televisión ha contribuido a conformar una lánguida ‘sociedad solitaria’, aunque la expresión parezca contradictoria. Y para colmo de males, la Internet duplica el problema, al transformar la particular soledad del infante, en una gigantesca y deprimente soledad, creando la ilusión del diálogo con personas distantes, en lejanos países, mientras no tiene una real y adecuada comunicación con sus padres. Simplemente, vive solitario en su propio hogar…

Los esfuerzos que se han hecho desde algunos sectores, para mejorar el contenido y modificar los horarios de las programaciones televisivas, han resultado infructuosos. “Poderoso caballero es Don Dinero”.

Frente a tal realidad, resultaría adecuada la elaboración de sencillos planes pedagógicos por parte de las altas esferas educativas, con el propósito de enseñar a los niños a ver televisión. Si no es posible evitar que dediquen tántas horas a tan estéril actividad, pues entonces que lo hagan con la debida orientación.

Sin duda, es mejor convertirlos en precoces televidentes críticos. Que sean ellos quienes discutan en torno a los programas que ven a diario. Y así, podrían elaborar textos a partir de la programación que consumen, a solicitud de los profesores, para que de alguna manera, los hombres del mañana sean capaces de diferenciar el mundo real del mundo virtual. Y lo más importante: Que adquieran un compromiso más humano con su propia realidad.

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